Una peluquería reúne más de trescientos litros de este producto a favor de la Asociación Mira canjeándolos por servicios a sus clientas
24 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La leyenda dice que entre los cuidados de belleza que se aplicaba Cleopatra estaban los baños de leche de cabra, burra o camella, eso según las fuentes. Lo cierto es que están más que probados los beneficios del líquido blanco para la nutrición y el cuidado de la piel, pero ante todo, la leche es un producto de primerísima necesidad al que muchas familias están teniendo un más que difícil acceso. Ayer, Pontevedra hizo un moño a base de estética y solidaridad.
Los miembros de la Asociación Mira, una oenegé con presencia en toda España y en Pontevedra desde el pasado verano, iniciaron en diciembre una campaña de recogida de alimentos con los que ayudar a las 20 familias (la mayoría locales) que atienden. Como ya es habitual, la ciudadanía se volcó -las cajas para el depósito están en el supermercado Eroski de Cobián Areal-, pero entre los productos que se echaban más en falta está precisamente la leche.
Cuando Cristina García, directora del colectivo en Pontevedra, se lo comentó a su peluquera, Montse Randulfe, esta no lo dudó un instante, y decidió, de acuerdo con sus empleadas, renunciar a las ganancias de un día de trabajo a cambio de ganar para la causa. El local Cindarella (cuyo significado viene a ser una variante de Cenicienta), en la rúa Nova de Arriba, llevaba una semana anunciando a través de un cartel la iniciativa, pero la respuesta solidaria les sorprendió, y mucho, ayer. «Cuando Montse me llamó a primera hora, a las 9.30, diciendo que ya tenían 35 cartones de leche, me eché a llorar», dice emocionada Cristina mientras le secan el pelo.
Idea conjunta
Montse insiste en que ha sido una idea conjunta con sus tres empleadas, a las que ayer se sumó también otra amiga peluquera, Loli Silva, «que estuvo ayudándonos tres horas, cuando más gente teníamos». Jessica, una de las peluqueras, no dudó en trabajar ayer a pesar de que sus días laborales son jueves, viernes y sábado. Filo tenía solo turno de tarde y acudió toda la jornada y Belén hizo lo mismo a pesar de que tenía horario de mañana. Todas están de acuerdo en repetir la experiencia, por lo menos el mes próximo (el día 20). «Creo que lo que tiene que hacer la gente es ayudarse, dejarse ayudar y salir adelante, pero tampoco puedes tirar siempre del mismo hilo, dependerá de lo que nos vaya diciendo la gente», añadió Montse. Su esfuerzo tuvo el premio de más de 300 litros de leche recogida en diez horas.