Claudio Outeda: «Os de Vilaxoán eran moi seus e non querían ser de Vilagarcía»

s. l. l. vilagarcía / la voz

FIRMAS

El tío Claudio fue casero del duque de Medina de las Torres.
El tío Claudio fue casero del duque de Medina de las Torres. m. irago< / span>

20 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Su sobrina Luisa cumplía esta semana 63 años. Nada, una niña al lado del tío Claudio, que el 3 de octubre cumplirá cien, coincidiendo con el Centenario del Concello de Vilagarcía. Claudio Outeda Cardalda ya no puede salir de casa, y hace unas semanas tuvo que ser hospitalizado con una neumonía, pero conserva el sentido y es un pozo de recuerdos. Uno de los últimos testimonios de la historia de Vilagarcía.

Ahora vive con su hermana y sus sobrinos en un piso de Vilagarcía, pero él nació en Cea, y durante más de veinte años, Claudio, su hermana Teresa, que tiene 93 años, y su madre, fueron los caseros de los duques de Medina de las Torres en la mansión de Vilaboa. No es que conserve muy buenos recuerdos de esa época. De hecho, para Claudio, cualquier tiempo pasado no fue mejor. «Era como estar na mili, había que poñerse firme diante do xeneral. A min levábame o demo, pero había que aguantar», recuerda ahora cómodamente abrigado en su butaca.

Aquello no compensaba ni por el trato ni por el sueldo. Cuando entraron en la casa les pagaban 2.000 pesetas, y cuando marcharon en 1982, tan solo 14.000. Claudio dice que los duques eran así para todo. «Tiñan unha fonte e non deixaban dar auga aos veciños. Un día veu un do porto cun porrón e os duques acababan de chegar. O chófer colleu o porrón e foi buscar auga a fonte, pero a señora viuno dende a casa e obrigouno a tirar a auga. ¡Eran así!».

Aunque ya retirado se instaló en un piso familiar en As Bocas, Claudio siempre se consideró de Cea, donde tenía una finca en la que plantaba de todo y criaba animales. Por eso entiende a los de Vilaxoán, y recuerda que cuando era pequeño, con la fusión en pañales, los vecinos aceptaban a regañadientes la pérdida de su Concello. «Eran moi seus e non querían ser de Vilagarcía», asegura. Como anécdota, recuerda una en el café Poyán: «Un mariñeiro francés preguntoulle a un de Vilaxoán como chegaran os franceses, e el colleu un vaso, bebeuno e díxolle: ?Chegaron así?. E engadiu: ?¡E marcharon así!?, e doulle unha ostia. ¡Así eran eles!».

La familia disfruta con sus anécdotas y se maravilla de su memoria prodigiosa. En el hogar familiar, en Celso Emilio Ferreiro, ya sueñan con la fiesta de centenario del tío Claudio.

claudio outeda cumple cien años en octubre