La foto de la vergüenza

Alicia Fernández

FIRMAS

Jueves, 10 de enero de 2013. Seis y cuarenta y cinco de la mañana. Como todos los días apuro un vaso de agua y echo un rápido vistazo a la portada del ejemplar de La Voz de Galicia que acabo de recoger en la acera, delante de casa. Algo me impide seguir el ritual de hacer el café con leche para tomarlo mientras leo con detenimiento artículos y opiniones. Me retiene en la portada una gran fotografía de una comitiva de veinte personas y debajo el titular: «La construcción de la variante de Noia está ejecutada al 50%». Pie de foto: «El conselleiro de Medio Ambiente y Territorio recorrió ayer un tramo del viaducto sobre la ría». Todavía perpleja oteo el interior, donde se resalta que la variante sufrirá un nuevo retraso en su ejecución, que concluirá a finales de este año o a principios del 2014. Una obra que, después de años de idas y venidas, debería haber entrado en funcionamiento el pasado año.

Pero una, curtida a golpe del negro realismo patrio, ya no repara en tan somero desliz de fechas ¡qué son dos años! Mi asombro nace de una pregunta: ¿qué coño hace una comitiva de veinte personas, como veinte clicks de Famobil, con sus cascos y sus chalecos relucientes, en la obra? Que espero no fuesen estrenados en exclusiva para tal menester. Y que después se fuesen de ágape para festejar el nuevo retraso.

¿Vendrían para dar instrucciones técnicas al ingeniero director? ¿Para comprobar la resistencia de los pilares? ¿O para asegurarse de que la masa se hace en la proporción adecuada? Porque sería realmente aberrante que tan multitudinario peregrinaje tan solo fuese para hacerse dos fotos y un paripé a costa de tan flagrante incumplimiento. Que ya sería para caérsele a una el refajo de la risa si venían para azuzar a los obreros, después de años de gestión administrativa y política calamitosa ¿No quedarán sin presupuesto con tanta pompa y boato?

Si para algo ha servido la crisis es para poner al descubierto las vergüenzas de un sistema putrefacto. Ahora nos empieza a llamar la atención la total falta de ética y honradez. Nos percatamos de que este, y otros procederes similares, están más cercanos al populismo y al caudillismo sudamericano que a un sistema democrático de verdad.

A estas miserias podemos sumarle la aprobación de un Decreto, por parte del Gobierno central, mediante el cual los cajeros o personal de mantenimiento de las concesionarias de autopistas quedan equiparados a los agente de la autoridad pues sus denuncias tendrán valor probatorio.

Esta medida se adopta para sancionar a aquellos conductores que no paguen al pasar pegados a otro vehículo en las cabinas automáticas o se nieguen a hacerlo en las manuales. Lo que me suscita otra pregunta. Si se hacen más «simpas» en los bares o comercios que en las autopistas, ¿por qué al tabernero o el comerciante no le otorgan la misma potestad? Y otra, ¿será porque no pueden ofrecer puestos en consejos de administración por cientos de miles de euros, cuentas en el extranjero u otras prebendas a los políticos? A imagen y semejanza de las grandes compañías y los fondos propietarios de las concesiones.