2013 y martes

Maxi Olariaga MAXIMALIA

FIRMAS

El nuevo año está a punto de comenzar su andadura.
El nuevo año está a punto de comenzar su andadura.

Ahí tienen la cifra. Presuntuosa, rutilante, prepotente y desafiante colgada de los cielos amorfos que amparan nuestros días sin saber que, devorándonos a nosotros cada hora y cada mes, terminará por devorarse a si misma y a finales del próximo diciembre se arrastrará desalentada, asmática y achacosa camino de la caverna en la que el Buen Dios guarda los años ordenados en anaqueles de estrellas.

Sobre esa cifra, hoy tan esplendorosa y presumida, los seres humanos vomitaremos sangre inocente, cometeremos toda clase de atropellos y arrojaremos el despojo maloliente de lo que un día fueron nuestros principios. Sobre ese jardín de luz morirán atormentados los mártires, los desahuciados y los miserables que hubieran preferido no haber nacido. Sobre esa cama de seda luminosa, haremos el amor y acuchillaremos a nuestro prójimo sin que el pulso nos tiemble en nombre de la libertad y la alegría.

Esa cifra se convertirá pronto en una nave de ébano que navegará en las fuentes de leche y miel que nos legaron los antepasados para sobrevivir en la tempestad y en la calma dulce que inexorablemente conduce a la muerte inmerecida. Sobre esa alfombra mágica, danzarán dos mil trece Bellas Durmientes con dos mil trece príncipes al son de dos mil trece arpas en cuyas cuerdas yacerán ocultas nuestras lágrimas.

Se cavarán trincheras y aviones de papel de quinientos euros bombardearán noche y día nuestra miseria, nuestra sed y nuestra hambre. Se flagelará, se calumniará y se le extirparán las tripas a los indefensos y a todos aquellos que estén dispuestos a dar inermes sus vidas para así denunciar la corrupción y la degradante conducta de los poderosos. 2013 irá poco a poco horadando nuestra alma hasta que la viga maestra que la sostiene ceda, y sus escombros se desplomen con estrépito sobre los puentes y las plazas, sobre las aceras y las amplias avenidas cortándonos el paso que podría habernos conducido a las aguas limpias del Edén. Tendrá este año una exultante primavera y buscando el verano retornarán las golondrinas, las garzas y los estorninos a construir sus casitas de espuma vegetal. Se llenarán los caminos de romeros y botas de vino. Habrá música y baile hasta el otoño y, cuando de las hogueras de San Juan solo quede el guiño de las brasas, el telón del otoño nos amargará el rictus y nos flojearán las rodillas.

Comenzaremos a recontar las bajas y temblando como ardillas en un claro del bosque, desfilaremos patéticamente entre las losas de los cementerios sembrando de flores y farolillos de todo a cien, la residencia última de los caídos en el combate cruel de cada hora. Sabremos, como todos los años, que no somos más que náufragos de una nave en la que ejercíamos de galeotes sin paga ni reposo, azuzados por el látigo de los capitanes a quienes ¡nosotros tampoco!, fuimos capaces de enfrentarnos. Así doblaremos el cabo de Buena Esperanza dejándonos llevar por el oleaje de uvas y cava a la busca de las playas de 2014 para volver a empezar otra aventura tan repetida como inútil. Tengo un amigo supersticioso. Me anuncia que el año nuevo, además de acabar en trece, empieza y termina en martes. Esto es el fin.