Crítica de arte
10 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Centro Torrente Ballester
Hasta 15 de diciembre
De 11 a 14 H. y de 19 a 21:30 H. de martes a sábado. De 11 a 14 H. domingos
La primera sensación que tuve ante las imágenes de Fotodecó fue hipnótica, y no me refiero al carácter más poético del término, no, me refiero al real, no podía dejar de separar mi mirada de todas y cada una de estas fotografías. Al mismo tiempo que José Pardo las iba desembalando y buscando su sitio en la pared, ellas buscaban el centro de mi ojo para que estos quedaran clavados, a su suerte, y yo no dejaba de pensar en porque esto sucedía así, y sí, tengo mi teoría. Seis fotografías de gran formato y una pequeña, con una letra E de ladrillos dibujada sobre el blanco de lo que parece ser una gran pared de cal, conforman la exposición.
La fachada de una casa, con la cal estropeada por el paso de los años y cinco ventanas irregulares que la agujerean. La cabina de un viejo camión sin conductor, recortada por debajo de un color indescriptible. Una escalera metálica con su barandilla que sube (o baja) agarrada a una pared gris. Tres protagonista bien distintos pero que forman grupo porque hablan el mismo lenguaje, en cada foto un motivo, siempre frontal y paralelo al que mira, ocupándolo todo.
Motivos que de por sí no tendrían ningún interés, se vuelven iconos, se llenan de significado, haciendo una metáfora de si mismos. José Pardo selecciona, con su mirada de fotoperiodista, para Fotodecó, motivos que con su mera presencia llenan el vacío, evidentemente las texturas, el juego tonal, las formas, la posición en la que se nos enfrentan ya hablan de su cercanía a lo pictórico. También encontramos en todas estas fotos una sensación de ausencia, cercana a la que desprenden los cuadros de Edward Hopper, ausencias y vacíos que se llenan con los motivos protagonistas y en los que Pardo hace desaparecer completamente los protagonistas humanos.
En la segunda tríada nos encontramos: Una boya naranja sobre el mar cobalto y una escalera de piedra gastada. Una barra vertical de acero tras la que asoma una palmera desenfocada. Un tres blanco, tridimensional sobre una pared gris. Para quien sea de mar y de Ferrol, todo perfectamente reconocible y también todo perfectamente recortado, frontal, táctil? Pardo domina la escena y lo hace a través de su cámara, de su ojo y de la práctica de años que le llevan a través del instinto a discernir entre lo aparentemente especial y lo especial de verdad. Es verdad que lo pictórico, lo material, van tomando posiciones en la obra de José Pardo, pero afortunadamente, el protagonismo de la fotografía a través de sus ojos siempre estará presente. El hecho de ser cazador a través de la lente es algo imposible de separar de esta faceta más artística y este punto de vista es justamente lo que promueve la selección de estas imágenes que tan hipnóticas nos resultan y que nos atrapan la mirada.
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