Una vecina de Vilasantar consigue reducir los temblores de su brazo confeccionando vestidos para más de doscientas muñecas en un año
08 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando Mercedes cumplió 44 años, la vida le adelantó uno de esos regalos que no suele conceder hasta bien pasados los cincuenta. Vino al mundo su primer nieto. Pero también a los 44 comenzó a notar los síntomas de una enfermedad que no acostumbra a aparecer hasta las puertas de la senectud. La musculatura del brazo derecho se les deshacía, los tendones se petrificaban, la pierna le despertaba de madrugada con dolores punzantes... Así, comenzó una peregrinación de médicos y especialistas que lanzaron diagnósticos muy dispares y todos veniales. En una ocasión incluso la acusaron de fingir conscientemente los temblores de su brazo. Y tuvieron que pasar más de cuatro años para que una médica del centro de salud de Vilasantar, municipio en el que vive, le pusiera sobre la verdadera y preocupante pista. Entonces Mercedes Merelle oyó por primera vez la palabra párkinson aplicada a su problema de salud. Aquello fue el año pasado, y una simple resonancia bastó para confirmarlo.
Desde entonces, Mercedes se somete a constantes cambios de medicación «para enganar ó cerebro». Atrás quedaron sus jornadas en las labores del campo. Ocupa su tiempo en los trabajos del hogar y no sin sobresaltos. «Para batir os ovos uso a man esquerda -señala Mercedes, hoy de 50 años y abuela de tres nietos-; unha vez caeume toda a comida ao chan... é desesperante».
El temblor del brazo derecho se instaló en su vida como una función vital. Le recomendaron ejercitarlo para minimizar el movimiento inconsciente. Y entonces rescató el ganchillo, una actividad aparcada desde antes de ser madre. Se fijó en una revista que mostraba ropa de muñecas. La copió. Tardó quince días. Y notó que su brazo iba mejor. Entonces compró más muñecas, sucedáneos de barbies. Y continuó. Hoy es capaz de hacer una media de cuatro vestidos a la semana. «Teño unhas cen repartidas polas habitacións, pero regalei outras tantas», señala Mercedes. «Mágoa que os tres netos son nenos». No obstante, la primera muñeca que vistió la tiene su primer nieto, aquel que nació cuando la enfermedad comenzó a avisar con los primeros síntomas. Pero tanto el ganchillo como la sonrisa del pequeño ayudan a contener los temblores.