El poliducto recorre 6,4 kilómetros y condicionó el desarrollo de los barrios que atraviesa
25 nov 2012 . Actualizado a las 07:03 h.En el 2012 se ha cumplido el séptimo aniversario del inicio de las obras del puerto y el octavo después de su adjudicación. Se han concluido las dos primeras fases y ya se ha estrenado tanto en atraques como en operaciones portuarias. Sin embargo, en todo este tiempo no se ha conseguido llegar a un acuerdo para que los tráficos más peligrosos, los de los petroleros que han dejado un triste recuerdo en la costa coruñesa, abandonen el puerto interior. Siguen llegando a la terminal petrolera y no hay fecha para que esta situación varíe. Tampoco para que el oleoducto, que hasta ha dado nombre a una calle de la ciudad, quede en el recuerdo.
En todo este tiempo se han sucedido las amenazas más o menos veladas desde distintas administraciones a Repsol, la única empresa petrolera que cuenta con una terminal en los actuales muelles. Esta semana se ha sumado un nuevo capítulo a los rifirrafes, uniendo sus fuerzas el gobierno local y la Autoridad Portuaria para que sea la Xunta la que condicione la autorización medioambiental que le caduca el complejo industrial el próximo verano a que se comprometa, con plazos concretos, a abandonar el puerto interior.
Mientras, continúan llegando petroleros al puerto y vecinos e industria deben convivir con un poliducto de catorce tuberías que recorre 6,4 kilómetros de la ciudad entre San Diego y el polígono de la Grela. La conducción del oleoducto no es nada desdeñable, por él pasaron el año pasado, según se recoge en la memoria anual de la Autoridad Portuaria 6.354.799 toneladas de productos petrolíferos, un 58,92 % de toda la mercancía que se movió en el puerto coruñés. Por él se transporta el petróleo que después se transforma en la Refinería y también por allí hacen el camino inverso los productos refinados hasta el muelle de San Diego, para ser embarcados para su exportación.
Considerado por unos una «bomba de relojería» e impropio de una imagen de una ciudad del siglo XXI centrada en el sector servicios, desde Repsol siempre se ha destacado los avanzados sistemas de control de estas conducciones, para contrarrestar que su construcción, justo hace cincuenta años, haya condicionado el desarrollo urbanístico de los barrios que atraviesa. Es una zona sensible que a afecta a los Castros, Casablanca, el Barrio de las Flores, incluso a Alfonso Molina, el Birloque y la Grela, que dejará de usarse cuando la terminal de Langosteira sea una realidad. Las tuberías arrancan en el puerto y son visibles, al circular al aire libre, por debajo del parque de San Diego. Es el único punto en donde se puede contemplar los conductos que conectan con la Refinería, ya que el resto del trazado se ha soterrado y en el exterior solo hay pequeñas marcas externas.
Si bien los accidentes que se han registrado en la Refinería han conllevado inquietud entre los habitantes de Bens y Meicende, el oleoducto no ha provocado ningún gran susto desde su inauguración en 1964 e incluso se ha publicitado que cuentan con revestimientos de alta seguridad y el uso de modernos sistemas de vigilancia, pigs, para analizar las posibles incidencias o deformaciones que sufren los conductos. Pese a ello se asumía que con la puesta en marcha de punta Langosteira quedaría sin uso y que desde el 2010 se reduciría el tráfico de hidrocarburos por sus tuberías, pero la falta de un acuerdo entre la Autoridad Portuaria y Repsol hace que todavía no se pueda poner fecha a su clausura. Ahora solo queda saber si los plazos barajados por la Xunta se cumplen.