Vaya tropa! ¿Qué pecados estaremos purgando para soportar tanta mediocridad y falsedad? Analicen sino las comparecencias de los responsables del PP de G, PS de G y BNG, verán a que me refiero. Son autómatas, recitan de carrerilla su credo. Cuando empiezan esa cansina verborrea por el acostumbrado «tomamos nota de lo que dicen los ciudadanos» o «hemos entendido el mensaje de la sociedad», mienten. Y no es que no hayan entendido, que algunos son tontos del molinillo pero otros muchos no. Sus dirigentes captan muy bien el espíritu de la protesta ciudadana, el por qué son una preocupación para una amplia mayoría de españoles. Pero hacer algo para corregirlo pone en peligro su privilegiado estatus. Saben que los ciudadanos piden más democracia, transparencia y responsabilidad. Y eso choca con esta dictocracia de partidos.
El mismo día de las votaciones, por la mañana, el candidato del PP, Núñez Feijoo, se esmeraba en decir que solo se votaba en clave gallega y que solo se examinaba su gestión; intentado que la política de recortes de Rajoy no dañase sus expectativas. Ya en campaña había evitado, en la medida de lo posible, aparecer a su lado. Pero cuando por la noche celebraba su triunfo no tuvo inconveniente en asegurar que el resultado era un espaldarazo a la política económica del PP en Madrid ¡con dos bemoles! Al día siguiente, en la entrevista concedida a La Voz de Galicia, afirma rotundo que agotará su mandato: algo que decía pocos meses atrás para después adelantar los comicios por puro interés electoralista.
Los socialistas se lo han puesto muy fácil. Un candidato propiciado por el adelanto electoral, cuando estaba abocado a unas duras primarias que causaría más heridas internas. La falta de un discurso serio y reflexionado, consciente de ser oposición y que presente una vía alternativa a la del Gobierno. Un partido que a nivel de Galicia lleva comiéndose a sus hijos muchos años y que alterna componendas equilibristas con vendettas. Lleno de arribistas de aquellos buenos tiempos en los que había salario o chanchullo a raudales. Allí estaban el domingo por la noche diciendo que habían aprendido la lección mientras ya se clavaban cuchillos por la espalda.
El escenario frentista no es menos patético. Hace poco aseguraban que el BNG era el nacionalismo en Galicia -dicen BNG pero piensan UPG- para intentar laminar la que había sido su imagen durante muchos años: Xosé Manuel Beiras. Al mismo que ahora achacan su escandalosa pérdida de apoyos sin reconocer que algo de culpa tendrán ellos, digo yo. Pues no, en todo caso los malévolos medios de comunicación, ese complot fascista que impide a los gallegos, que son tontos del culo, ver las infinitas bondades de su caduco discurso.
Sobre el aumento de la abstención y del voto en blanco o nulo -mayoría absoluta- ni una palabra. No les interesa. Como tampoco que un ciudadano se suicide ante un injusto desahucio hecho al amparo de una ley de ¡hace 100 años! Que no han sabido o querido -tan triste uno como otro- cambiar.