Jaime Remírez de Esparza vive en la ciudad universitaria desde hace cinco años y trabaja en la gestión de la piscina municipal
20 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Jaime Remírez de Esparza Otero se dejó arrastrar hace cinco años por la corriente de la ciudad universitaria de Cambridge, cuyo nombre significa literalmente puente sobre el río Cam. Allí trabaja en algo que también tiene que ver con el agua, es mánager de una de las instalaciones del Ayuntamiento, en concreto de la piscina.
Este pontevedrés de 37 años es técnico superior en actividades físicas y deportivas y se decidió en el 2007 a dar el paso de dejar la ciudad del Lérez. En una visita a Cambridge, donde vivía una amiga, dejó presentados varios currículos y consiguió algunas entrevistas en empresas del ámbito, «ya que en Pontevedra, la oferta de empleo en este sector era y sigue siendo bastante escasa».
«Los comienzos no fueron fáciles, ya que debido a mi bajo, más bien nulo nivel de inglés, era imposible pasar ninguna de esas entrevistas -cuenta-. Por eso, me dediqué a buscar trabajo de lo que fuese, sin dejar de intentar encontrar en lo mío, mientras aprendía el idioma hasta tener un cierto nivel aceptable. Fue de gran ayuda conocer a gente inglesa con la que quedaba y que no solo me ayudaban con el inglés, sino que también me explicaban las costumbres y la cultura del país».
Comenzó en un restaurante, pero solo estuvo un mes. «Porque a base de insistencia, de llamar casi todos los días a una misma empresa, en la que estoy ahora, y después de dos entrevistas fallidas, me llamaron y me comunicaron que tenía que hacer el curso británico para poder trabajar en instalaciones deportivas, y que me contratarían si lo superaba». Así entró en SLM Ltd., que gestiona varias instalaciones en ciudades de Inglaterra, «y a base de trabajo, hacer más cursos y mejorar el idioma, he ido subiendo dentro de ella hasta hoy». Se ha sacado en Cambridge otros títulos como el de socorrismo acuático, mánager de instalaciones deportivas, riesgos laborales, primeros auxilios en el trabajo o técnico en maquinaria de piscinas.
Jaime subraya el «encanto especial» de la tranquila y cómoda ciudad de Cambridge, a ochenta kilómetros de Londres, en la que destaca «la impresionante arquitectura de los edificios y capillas de los colleges, en especial King?s College, el Trinity College y el St. John?s College, la famosa universidad en la que han estudiado personas de la talla de Isaac Newton, Charles Darwin, Francis Bacon, Stephen Hawkin o el actual príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra». La institución académica incluye los Laboratorios Cavendish (en honor a Henry Cavendish), el coro de la capilla de King?s College y la Biblioteca, «estos dos últimos edificios sobresalen respecto del resto de la ciudad».
El censo ronda los 120.000 habitantes, y el pontevedrés destaca que quizás lo que más le sorprendió de esta antigua ciudad inglesa es la cantidad de nacionalidades, culturas, religiones y razas que conviven «y que queda de manifiesto en cada calle». «Dando una vuelta por Cambridge puedes escuchar diferentes idiomas, comer en restaurantes de todo tipo, comprar productos típicos de un montón de países, ver edificios religiosos de cada una de las creencias y todo conviviendo sin el más mínimo problema», agregó.
El uso de la bicicleta está muy arraigado como medio de transporte «y llama la atención el respeto que los conductores tienen por los ciclistas». Más que el clima, influye la época del año, dice Jaime. En las estaciones de primavera y verano, el sol sale sobre las cuatro y se pone a las diez de la noche, «la ciudad está más viva y hay mucho ambiente por la calle a todas horas», mientras que en otoño-invierno las horas de luz son escasas. A las cuatro de la tarde ya es de noche. «En verano es muy típico ir al centro y hacer punting en el río, que es ir en unos botes remando de manera parecida a las góndolas venecianas, y después disfrutar de una barbacoa en el parque y acercarse al hipódromo de Newmarket para comer viendo las carreras de caballos». Aprovecha también que Londres está a una hora de tren, «para visitar a amigos y pasar allí el fin de semana».