Fábricas de harina y luz en O Incio

carlos rueda / francisco albo MONFORTE / LA VOZ

FIRMAS

CARLOS RUEDA

En Trascastro están dos de los molinos mejor conservados de la zona

06 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La parroquia de Trascastro, en O Incio, cuenta en su patrimonio histórico y etnográfico con dos de los molinos harineros mejor conservados de la zona. Uno de ellos, llamado Muíño de Sancho, es de los pocos que aún siguen en activo, aunque solo de forma ocasional. El otro, el Muíño de Vila, guarda aún una pequeña y singular central eléctrica que en tiempos abasteció de luz a la localidad.

Ambos molinos se encuentran a muy poca distancia uno de otro -unos veinte metros-, pero el primero se alimenta de las aguas del Cabe y el segundo de su afluente el Antigua. Hasta hace unos treinta años los dos funcionaron a pleno rendimiento. En invierno lo hacían casi a diario y algunas veces trabajaban también de noche. A este lugar venían a moler no solo los vecinos de varias localidades de O Incio -Martín, Foilebar, Santa Mariña, Pereiro o Río, entre otras- sino también del vecino municipio de A Pobra do Brollón, de lugares como Monteagudo, O Busto, Penadexo, Pradelas, Covadelas y A Veneira. «Algúns deses sitios tiñan muíños, pero eran muíños relos, ou sexa, que non tiñan peneira, e só podían moer fariña para consumo de animais», cuenta Manuel Fernández, vecino de Río.

Llegada de la corriente

En el Muíño de Vila, que dejó de de moler hace unos veinte años, trabajaban tres ruedas, dos de ellas con peneira. En una construcción adosada al edificio del molino funcionaba la central eléctrica, que proporcionaba luz a las localidades de Trascastro, Río, Santa Mariña y A Ferrería. La corriente no llegó a todos estos lugares al mismo tiempo. En Río no lo hizo hasta 1965. «Os veciños puxemos os postes e a man de obra e dono da central puxo o cable e fixo a conexión eléctrica», recuerda el referido vecino de la localidad. «En Trascastro veu moito antes a luz, non recordo cando, pero unha veciña di que en 1945 aínda se alumaban as rúas e as casas con candís», añade.

La antigua y modestra central eléctrica funcionó hasta finales de los años setenta, época en la que el propietario vendió a Fenosa su producción y le traspasó los clientes que tenía. La instalación constaba de una turbina por la que entraba y salía el agua del río Antigua y a la que estaba acoplada una rueda de gran tamaño. Esta rueda accionaba a la vez una dinamo que producía la corriente eléctrica y una sierra mecánica utilizada para cortar madera.

Para regular la entrada del agua en la turbina se empleaba un curioso mecanismo fabricado con barras metálicas y engranajes que se dirigía con un volante reaprovechado de automóvil. Mientras funcionó la central, había un operario controlando el caudal de la turbina hasta la medianoche y vigilando que la tensión eléctrica no subiese ni bajase de los 120 voltios. A partir de esa hora, el suministro eléctrico cesaba hasta la mañana siguiente.