Las Pousadas entran en la recta final

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

La Diputación confía en que los hoteles accesibles estén listos para el próximo verano

23 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

En una esquina de A Lanzada, el viejo sanatorio para tuberculosos de la Diputación ha completado su metamorfosis. Puede que desde la playa no se aprecie, pero el edificio, antiguo e incómodo, ha visto como sus entrañas eran transformadas para hacer de él un lugar libre de barreras, en el que todo el mundo pueda acceder hasta el último rincón; en el que no existan ángulos oscuros. Con esas obras, la de O Grove se ha convertido en la primera de las cuatro pousadas accesibles con las que la Diputación ha jalonado la comarca de O Salnés. En Ribadumia, Armenteira y Meaño, los obreros se afanan para completar esa red de hoteles diseñados pensando en todos.

Las obras en las tres pousadas de nueva construcción marchan a un ritmo más lento de lo esperado. Porque lleva su tiempo sacar del papel tres edificios singulares, cuidadosamente diseñados para no interferir en el entorno y llenos de pequeños detalles cargados de significado. Basta un ejemplo: la pousada de Ribadumia se empezó a construir a finales del 2010. Y si los cálculos han sido bien echados, estará finalizada en noviembre. Dos años se habrá tardado en ejecutar una obra que se ha ido rehaciendo sobre la marcha. Y es que, tal y como explica Ruth González, jefa de servicio de Turismo del Patronato Rías Baixas, Ribadumia ha sido el campo de ensayos en el que se han ido buscando soluciones para todos esos pequeños grandes obstáculos con los que una persona con minusvalía se puede encontrar cuando recorre un hotel.

Todos los detalles

Quien entra en la futura pousada de Ribadumia puede intuir, debajo de todos los materiales de obra que aún pueblan pasillos y habitaciones, unos espacios amplios, limpios. Las zonas de paso son anchas, para garantizar que quienes se desplazan en silla de ruedas puedan hacerlo con comodidad. Pensando en ellos también se han diseñado las habitaciones, con entradas amplias en las que se puede girar para cerrar la puerta sin que ni las paredes ni las ruedas estén condenadas a tocarse. Hay detalles hasta en los baños, donde el suelo de las duchas se levanta para dejar a la vista una bañera enterrada. Y donde un pedazo de la encimera es de quita y pon para dar a quien lo necesite una mayor capacidad de movimientos.

No todos los elementos que hacen de la pousada un espacio que todo el mundo puede vivir son tan evidentes como las rampas que sustituyen a las escaleras, siempre con una pendiente ligera y suave: en las paredes, a media altura, hay un bucle magnético que permite que las personas sordas puedan percibir vibraciones y saber que, por ejemplo, suena un teléfono. Y toda la señalización del edificio estará en braille para que la información llegue a todo el mundo.

Pero las pousadas no solo deben ser accesibles para los huéspedes. Por eso, al otro lado de las paredes se extiende una red de pasillos y habitaciones en las que el servicio trasegará sin parar. En ese mundo paralelo que debe existir en cualquier hotel de prestigio reconocido -las pousadas aspiran a las cuatro estrellas- las barreras también han sido eliminadas. Encontramos un ejemplo en la cocina, donde los mesados están a la altura precisa para que un cocinero en silla de ruedas pueda preparar sus mejores platos.

Estos esquemas de habitabilidad para todos se repiten en el resto de las pousadas. En la de A Lanzada y en las que se construyen en Armenteira -que estará lista en enero- y en Meaño -que no se rematará hasta marzo-. Cuando los tres edificios estén listos, la Diputación sacará a concurso su gestión. El pliego de condiciones ya está siendo redactado. «Es un pliego muy serio», cuenta Ruth González. En él se habla de números. De los precios mínimos y máximos que se pagarán por las habitaciones. O del personal que será preciso para atender a las cuatro pousadas si estas se sacan a concurso formando un bloque: entre 42 y 66 personas dependiendo del turno.

Horizonte: el verano

Todo está calculado, menos el perfil de las empresas que puedan aspirar a hacerse con las riendas de este proyecto. «Lo que está claro es que tiene que ser una empresa solvente. Pero solvente económica y socialmente», concluye González. En la lucha contra la discriminación y las barreras no se pueden dejar cabos sueltos. Los de las pousadas deberán estar atados el próximo verano, cuando los flamantes hoteles deberían estar listos para su inauguración.