Vivir el día a día de forma sencilla

María Conde PONTEVEDRA / LA VOZ

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Javier de la Calle y su familia residen desde hace años en Nicaragua

15 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Nicaragua es, como dice Javier de la Calle, un lugar por descubrir. «Es un país conocido solo por desastres naturales o por ser un país en desarrollo, pero es mucho más que eso». Él lo ha comprobado desde 1996, en que llegó como becario del Igape. En principio, era un trabajo para un año, pero se quedó. «Me pareció un país lindo para vivir, con muchas oportunidades, y un reto profesional y personal», comenta.

Javier reside en Managua junto a su mujer Ana y sus hijos Yago, de diez años, y Adriana, de ocho. Allí dirige una empresa que aborda proyectos relacionados con vivienda, ingeniería y construcción. Han desarrollado viviendas sociales para familias de bajos recursos, algún proyecto turístico, un hospital y en breve iniciarán el diseño de la red de agua potable y saneamiento de tres ciudades importantes del país. Además, es director de la Cámara de Comercio de Nicaragua, lo que le permite estar en contacto con las empresas españolas que ya están y las que llegan al país. «Desde el punto de vista empresarial el país ofrece muchas oportunidades en sectores como el turismo, energía, agroindustria, infraestructuras, minería, pesca... Nicaragua es un país en el que aún está casi todo por hacer».

La vida en este estado centroamericano es sencilla, como explica Javier, «como la gente». «Aunque la calidad de vida es buena, el ser un país que ha sido castigado con terremotos, huracanes, guerra y erupciones volcánicas, hace que la gente valore el día a día y no piense mucho a largo plazo», cuenta.

La familia es muy importante «y todo gira en torno a ella». El país centroamericano tiene colegios privados de primer nivel «y ahora que tenemos hijos, es de lo que estamos más contentos, el tipo de educación que podemos darles, en inglés y católica, y muy al estilo americano de potenciar talentos». Por ejemplo, Yago destaca en tenis, es campeón nacional en su categoría y la familia ya ha viajado acompañándole a torneos por Centroamérica y el Caribe. Recientemente ha estado en Puerto Rico con la selección de Nicaragua. En el caso de Adriana, está iniciándose en ese deporte, pero lo suyo es cantar. Y ya ha actuado en la Casa de los Mejía Godoy, «un lugar emblemático de Managua donde cantan aquellos de Son tus perjúmenes mujer... y promueven artistas». «Ahora -añade- va a cantar en el Teatro Rubén Darío, que es como cantar en el Teatro Real, y en apenas unos meses. Aquí en España eso sería imposible».

Pero a Javier y a Ana les gusta que sus hijos vean que a pesar de estas ventajas «en el mundo no todo es color de rosa y siempre hay una causa donde echar una mano, o las incomodidades propias de un país en desarrollo, donde de repente se va la luz, haces un viaje por una carretera llena de huecos, pasas calor, no sale el barquito en el que tenías previsto cruzar un río...». «Esas cosas que pasaban hace años aquí y para las que nos hemos vuelto exigentes. Cualquier contrariedad nos incomoda, pero allí la gente no se inmuta y lo lleva todo con buen humor. No te enfadas por cualquier cosa y valoras lo importante».

La ciudad en la que viven, Managua, «es un poco caótica» y ha crecido desperdigada. En 1972 sufrió un terremoto devastador que destruyó gran parte de la urbe, sobre todo en el centro, «y desde entonces se han construido edificaciones de una sola planta a lo largo y ancho de la ciudad; no es muy llamativa, pero tiene su encanto y las ventajas de vivir en una capital». Atraviesa la ciudad la carretera Panamericana, que cruza Centroamérica, «aunque a veces se tarda más en la frontera que en el recorrido en sí», y hay buenas comunicaciones en avión (Miami está a dos horas). La Casa de España es un club de ocio cuyo fin es promover las relaciones entre españoles y nicaragüenses y que la familia frecuenta. «Hacemos deporte, vamos a comer...». El presidente les ha pedido este año que cuando regresen de sus actuales vacaciones en Sanxenxo les lleven palas para la única pista de pádel de Managua, y pelotas para el futbolín, que han perdido. «La cosa más simple se convierte en importante».