Cuatro de seis. Poco más se le puede pedir al primer plantel del Ourense, después del convulso verano que vivieron jugadores y técnicos.
Bien es cierto que quizás eran muchos los que ya contaban con los tres puntos de Guijuelo en sus cuentas de la lechera, pera la media inglesa siempre es una buena pauta en un balance balompédico a quince días vista. Más aún si tenemos en cuenta que el fútbol sigue siendo un deporte de sensaciones y que las transmitidas por el bando rojillo en los primeros compases de su reencuentro con la Segunda División B son, a todas luces, positivas.
Luisito sigue dirigiendo a un grupo con personalidad, al mismo ramillete de futbolistas que fue clave en un histórico ascenso y que además ha protagonizado un salto de categoría que no ha sido traumático. Los jugadores que se han sumado a la plantilla también están adaptándose sin desequilibrar la química ya instaurada. Algunos como Pablo Pillado, Capi o el ahora lesionado Juan Martínez, cobrando relevancia desde el inicio y, otros, llegados más tarde, con la paciencia de aguardar su oportunidad y progresar para ganar minutos.
Hace apenas unas semanas, el Ourense era una entelequia, un castillo de naipes que parecía desplomarse irremediablemente. A las primeras de cambio, está compitiendo en la Segunda División B y eso ya es decir mucho. Además, el proyecto deportivo tiene aspecto sólido y las gradas de O Couto ya mostraron diferencias palpables con lo que podía verse a final de los anteriores veranos.
Y es que los que disfrutaron viendo como su equipo doblegaba a un gallito como el Atlético B, también acudirán a ver lo que son capaces de hacer los rojillos contra un gigante del calibre del Tenerife. Y eso que los chicharreros que dirige el exinternacional Álvaro Cervera llegarán vestidos de líderes. Ya casi nadie duda, que deberán sudar la camiseta para ganar en Ourense.