El tesoro que da forma a Cambados

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

MONICA IRAGO

Ser Ben de Interese Cultural reportará una mayor protección al palacio y su entorno

12 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Con oro ganado en Flandes y en las Américas se construyó, en el siglo XVII, el palacio de Fefiñáns. Muestra de ese pasado guerrero la hallamos en el patio de armas, donde hoy en día, cada primer domingo de agosto, forman los caballeros y las damas del Capítulo Serenísimo do Albariño. Es este un entorno cargado de historia en el que hace una semana Alberto Núñez Feijoo anunciaba que la Xunta ha decidido declarar el palacio Ben de Interese Cultural. «Imos coidar este entorno, esta arquitectura e esta paisaxe», dijo. Esas palabras no deberían tardar mucho en verse refrendadas por el Diario Oficial de Galicia, según ha informado la Consellería de Cultura.

Ese día se cerrará un largo camino emprendido ya hace años, cuando una tromba de agua hizo que la cubierta del palacio amenazase con desplomarse. La estructura estaba tan debilitada que era necesario actuar, y actuar con rapidez y cuidado. Para poder hacerlo, los propietarios del pazo decidieron recurrir, por primera vez en la historia del edificio, a las arcas públicas. Pidieron ayuda a la Xunta y la encontraron en Rosa Losada, de la consellería de Vivenda, y en Felipe Arias, de Patrimonio.

De esa colaboración, dicen los expertos, salió un proyecto ejemplar de restauración. Las vigas fueron extraídas, recuperadas y devueltas a su lugar; los techos descolgados con alambres y mimo; los tabiques, construidos siglos atrás con ladrillos de Dena fueron respetados, y las tejas, llegadas también de Dena cientos de años atrás, devueltas a su lugar. Y es que mantener el sabor original del pazo, el crujido de sus suelos y hasta las heridas de algunos muebles, es una premisa irrenunciable para los propietarios del palacio más emblemático de Galicia.

«De cuidar el pazo por dentro ya nos encargamos nosotros», dice, orgullosa, una de las propietarias de esta joya de la cultura gallega. Pero el inmueble y todo lo que incluye -las huertas, el bosque- necesita ser protegido, también, de las agresiones externas, que son muchas y de muy variada graduación. Hubo un tiempo en que los propietarios tuvieron que cerrar filas y mantenerse firmes ante la propuesta de algún alcalde de parcelar y urbanizar la huerta. Otro, en el que temblaron ante la posibilidad de que la entonces vía rápida arrasase el bosque. Ahora, además de convivir con un paisaje urbano lleno de cicatrices y con los coches que siguen circulando por la plaza, los propietarios de Fefiñáns se las ven con otras molestias, como el fuego de balones que, procedente del patio del instituto, bombardea sin piedad la torre del homenaje.

Cansados de repeler ataques, los propietarios de Fefiñáns ven en su declaración como BIC una herramienta que les permitirá «defendernos con mayor facilidad». También les abrirá las puertas a vías de financiación que hasta ahora tenían cerradas. A cambio, las puertas del palacio deberán abrirse al público. Se hará -de hecho ya se está haciendo- pero huyendo de masificaciones y barullos. Para entrar al palacio, dicen sus dueños, lo único que se exige es discreción, educación y un genuino interés por la cultura.