Durante los tres meses de verano, los socorristas vigilan la playa fluvial ocho horas todos los días
02 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Vacaciones. Sinónimo de relax, descanso, calor y mucho ocio y tiempo libre. En cuanto sale un rayo de sol, las playas se llenan y hace falta buscar con detenimiento para encontrar un hueco donde dejar la toalla. Por eso, entre tanta gente ociosa, alguien tiene que poner seguridad a todos aquellos que deciden ir a refrescarse. Y en este punto aparecen Óscar Farto y Daniel Richarte, para los que la palabra vacaciones es sinónimo de trabajo.
Estos dos jóvenes -de 29 y 25 años, respectivamente- son los socorristas de la playa fluvial pontevedresa durante la época estival. De doce de la mañana a las ocho de la tarde se aseguran diariamente de que no suceda nada a orillas del Lérez.
Este año no han tenido grandes incidentes más que algún desmayo -y cruzan los dedos para que así siga siendo- aunque es mucha la gente que arriesga demasiado y «cree que la playa es una piscina y no se dan cuenta de la cantidad de corrientes que pueden llevarse a uno», comenta Óscar Farto, licenciado en Ciencias del Deporte, que consiguió su puesto tras conocer que la empresa para la que trabaja en invierno como técnico de sala fitness era la concesionaria del servicio de vigilancia de la playa urbana.
Aunque parece un trabajo tranquilo, «por las tardes hay que estar todo el tiempo pendiente y sin despistarse un segundo, incluso cuando estamos comiendo -asegura Farto-, porque esta playa se ha convertido en un parque infantil y, sin ir más lejos, el lunes había 68 niños tan solo en el agua».
Cuando hace mal tiempo aprovechan para entrenarse por el río. «No hay mucho más que hacer y aquí, excepto algún bañista que viene todo el año, no aparece nadie», afirman.