Vicente Todolí, que dejó la dirección de la Tate Modern al decidir que quería hablar más de arte y menos de su gestión, considera que, en el Gaiás «para justificar un error se comete otro»
03 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Vicente Todolí dirigió el IVAM en Valencia, el Serralves en Porto y la Tate Modern en Londres. Lo dejó tras decidir que quería hablar más de arte y menos de gestión del arte. Todolí ha estado en Santiago para debatir con los alumnos del Máster en Arte, Museoloxía e Crítica Contemporánea de la Universidade de Santiago.
-A la hora de construir museos y centros culturales ¿hemos construido por encima de nuestras posibilidades?
-Por supuesto que sí. Son edificios que se han construido con el arte como pretexto. Si quiere participar en Fórmula 1 no es solo tener el coche: tienes que tener pilotos, equipo, infraestructura y el dinero asegurado para que ese equipo pueda funcionar muchos años. Si solo tienes el coche, solo tendrás un escaparate pero no correrá. Tenemos el síndrome Vuitton, compramos el bolso aunque no sepamos qué meterle dentro. El problema es que se invirtieron las prioridades y se primó el continente sobre el contenido. Lo digo siempre: un museo no es un edificio, es una actividad.
-Una vez que están construidos ¿qué se hace con ellos?
-Lo primero es replantearse si esas construcciones tienen algún sentido y aquí cerca, en la Cidade da Cultura, tenemos un ejemplo muy claro. Ahora, para justificar un error se comete otro y se continúa invirtiendo en algo que no tiene ningún sentido y, si los centros culturales no tienen sentido, lo mejor sería dedicarlos a otro uso.
-Sin relación con el arte ni con la cultura...
-Es que muchos edificios de ese tipo ni siquiera están bien pensados, no se calcularon para ser habitados por el arte, son espacios tautológicos, funcionan como un espejo de su autor, un homenaje que el arquitecto se hace a sí mismo. El arte es considerado, en estos casos, como el pariente pobre, como si el arquitecto le dijera «acampa por donde puedas» y no pensara en sus necesidades.
-Del presupuesto de una institución museística ¿qué parte debe estar destinada a sufragar la actividad y qué parte al mantenimiento?
-Si un centro destina la mitad de su presupuesto a funcionamiento entonces es que hay algo mal pensado. En la práctica, gasta el dinero en abrir. Y cuando dicen que la sociedad civil podrá contribuir, la historia dice que solo los Estados Unidos tienen tradición de mantener esos espacios.
-Los museos están cambiando de modelo, ¿deberíamos llamarlos de otra manera?
-El problema no es de nombre. Es la actividad la que definirá a un museo, le pongas el nombre que le pongas. El modelo de museo como templo cerrado para iniciados o eruditos ya no se puede mantener. Hay que pensar, por ejemplo, que hace años sería impensable que un museo ocupase primeras planas en los periódicos, pero para que eso suceda los museos tienen que ofrecer algo más que cuadros colgando. Hay dos cosas que un museo tiene que hacer sí o sí: desarrollar una actividad e investigar. Sin investigación no puede haber museos. Sin estas dos cosas un museo es solo un escaparate.
-Pero una parte de esa actividad de los museos se ha vuelto espectáculo.
-Ahí entramos en otro problema. Una parte de las exposiciones que anuncian grandes nombres de la pintura deberían ser denunciadas por las asociaciones de consumidores porque anuncian a Gauguin y solo hay cuatro cuadros y el resto son de sus compañeros de generación. Los museos que hacen esto se valen del arte para continuar abiertos. Hay que atraer al público, pero eso no debe ser el único objetivo de un programa. Un museo no es diferente de una entidad que fomenta la biodiversidad. Sería como si esa entidad dijese con la crisis: como no podemos mantener todas las especies, vamos a mantener solo las más populares. Los museos que actúan así están depauperando el arte.
-Dirigió el IVAM, el Serralves y la Tate y decidió dejarlo. ¿Se cansó de los museos?
-Me interesa el arte, pero no lo que sucede alrededor del arte. Me cansé de estar siete años en Londres dedicando el 80% de mi tiempo a asistir a eventos para conseguir respaldo financiero para la Tate. En Valencia o en Oporto el 90% del tiempo de mi trabajo era para el arte y eso es lo que me interesa.
-Pero su nombre no deja de sonar para cada nuevo espacio que se abre.
-Pues nunca es cierto. Ni voy a dirigir el Centro Botín de Santander, aunque sí formo parte del comité asesor, ni voy a dirigir nada porque no estoy interesado en la gestión. Lo que quiero hacer es trabajar con las ideas, programar, pero no hacer el trabajo de gestión. Es cierto que voy a programar un espacio en Milán, pero solo decidiendo la programación.
«Ni voy a dirigir el Centro Botín ni nada, porque no estoy interesado en la gestión»