La larga marcha de los enfermos

Pacientes de hemodiálisis del área viajan hasta seis horas al día para recibir tratamiento


Ferrol / La VOz

Viajan seis horas al día para recibir un tratamiento que necesitan para vivir. Son enfermos del riñón del Área Sanitaria de Ferrol, que tres días a la semana son trasladados desde sus localidades de origen hasta el hospital general Juan Cardona para someterse a hemodiálisis. Han soportado esa rutina durante años, algunos durante más de 14, pero los recortes del Gobierno que prevén el copago del transporte sanitario amenazan con hacerles el viaje aún más largo.

«Eu fixen o cálculo e me sairía por 120 euros á semana», explica Fernando Bello Fraga, albañil retirado de 75 años de edad y vecino de Espasante. Fernando, que ha pasado así 12 años, tiene claro que «se temos que pagar, eu alugaría un piso en Ferrol, porque aforraría cartos».

Su situación económica es mejor que la de Isabel Casás Barcón, de San Claudio (Ortigueira) y 66 años. Isabel necesita hemodiálisis desde hace 14 años, como la necesitaba su hijo, que falleció hace dos. Cobra una pensión de viudedad y tiene claro que no puede pagar por el transporte. «Se me cobran non sei que farei, teremos que pasar sen comer, non?», lamenta.

A su lado, Dolores Martínez Calvo, una vecina de Cariño de 69 años que acude a hemodiálisis desde hace dos, asiente: «Se cobran, a metade morremos».

En pie antes de las 5

Pero incluso siendo gratis, el transporte sanitario «acaba con un -se queja Fernando-, tres horas para vir, catro coa máquina chupando e outras tres para voltar». La sesión de hemodiálisis a la que acuden comienza a las 8 de la mañana, así que se levantan antes de las 5 de la madrugada tres días a la semana, y así durante años. «Cando non teño que vir aproveito ben e durmo ata as nove», dice riendo.

Les trasladan en ambulancias tan llenas de sillas que parecen microbuses. Van tantos que algunos hasta viajan en el puesto del copiloto, como ayer a la vuelta Isabel o Rafael Armada, que residen en Bares, Mañón.

Rafael, que tuerce el gesto cuando se le pregunta por el tema del transporte, es el primero en subir a la ambulancia a las cinco de la mañana. Una hora más tarde llegan a Espasante, donde sube Fernando; dan la vuelta hasta Cariño y desde allí van a Ortigueira, la penúltima parada antes de Ferrol.

En el hospital, donde «o trato é moi bo e moi atento, os médicos son marabillosos», insiste Fernando; les dan un bocadillo. Luego esperan a comer hasta que llegan a casa, ya por la tarde.

Sin horarios fijos

Todos coinciden en que el tema del transporte es lo más duro. Nunca se sabe exactamente a qué hora va a pasar la ambulancia, porque a veces traslada a otros pacientes como los de rehabilitación. «Hai días que tamén imos a As Pontes ou a outros sitios, damos a volta por toda a comarca», explican.

Cuando se les pregunta qué mejorarían, Dolores responde de inmediato «o ril»; pero otros como Isabel se conformarían con menos, llegaría que «arranxaran o das ambulancias».

Isabel recuerda que hace ya muchos años Sanidade les facilitaba viajar en taxi, pero eso solo duró dos años, cuando Fernando empezó la hemodiálisis ya se iba en ambulancia y así ha continuado desde entonces.

La gestión del transporte

El transporte sanitario depende de tres actores, los hospitales que organizan las sesiones de hemodiálisis, las empresas de ambulancias y la inspección sanitaria, que lo organiza.

Andrea Pardo, trabajadora social de Alcer, insiste en que el sistema hace que los pacientes se sientan «moi vulnerables», porque apenas tienen capacidad para decidir nada.

La entidad, cuando cambió la Xunta, planteó una reforma del transporte tras el conflicto entre la Administración y los conductores de ambulancia de Barbanza. Planteaban optimizar recursos usando furgonetas y las ambulancias solo para pacientes que deben ir tumbados, además de implantar un sistema similar al que usan las agrupaciones de taxistas. El programa nunca se puso en marcha.

Reportaje El problema del transporte sanitario

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