Así se denomina esta forma de producción y resolución de problemas: crowdsourcing. Cuando surge un problema se dirige a un gran número de personas, que no necesariamente se conocen entre sí. Por medio del intercambio de preguntas, sugerencias y propuestas, se va caminando hacia la mejor solución posible. En ocasiones el trabajo es más o menos desordenado, y en otras, como en MalariaSpot.org, las tareas están bien definidas y son coordinadas por un nodo central. Una de las claves es que haya suficientes voluntarios con los conocimientos necesarios para aportar su trabajo o sus reflexiones. Realidades como la Wikipedia permiten ser optimistas en este aspecto.
Un antecedente de MalariaSpot.org lo podemos encontrar en el proyecto de computación distribuida SETI@home, dedicado a la búsqueda de inteligencia extraterrestre por medio del análisis de las señales recibidas en los radiotelescopios que escrutan permanentemente el cielo. Para analizar la ingente cantidad de datos recibidos, la Universidad de Berkeley ideó un programa que los dividía en pequeñas porciones que podían ser calculadas en un ordenador personal. Los voluntarios cedían el tiempo en el que sus ordenadores estaban inactivos para resolver esas pequeñas porciones.
Esta filosofía de producción es utilizada por grandes compañías para buscar soluciones o para conseguir nuevas ideas. Empresas como Ciba, Boeing, Nestlé, Lego o Sony lanzan sus desafíos en portales como InnoCentive. Aunque las mejores soluciones se remuneran, muchos ven una nueva forma de explotación laboral. A las empresas les sale mucho más barato resolver sus preguntas de esta forma que por medio de la contratación de profesionales, y no adquiere ningún compromiso laboral con los ganadores. En este vídeo xplican algunos de los pros y los contras.