Ha sido no solo testigo, sino también protagonista, de algunas de las mejores temporadas del Racing de Ferrol, en el que brilló como jugador y al que más tarde, siendo entrenador, ascendió a Segunda División. El deporte ha sido su vida. Y en buena parte sigue siéndolo (continúa en activo como entrenador hoy al frente de O Val). Pero afirma que «no hay razón para vivir persiguiendo el éxito». Y lamenta en voz bien alta que «haya tantos chavales que por culpa del deporte, pensando que pueden alcanzar metas que solo están al alcance de unos pocos, descuidan sus estudios, y después lo lamentan siempre» Él mismo dice que todavía hoy sigue lamentando no haber escuchado los consejos de su padre, que siempre le decía que «había que estudiar, porque el fútbol no podía ser lo primero».
Es, Arteche, un hombre muy querido. Siempre ha evitado las polémicas. Y cuando otros han fallado donde él no tuvo más que aciertos, invariablemente hizo gala de la elegancia necesaria para actuar con una generosidad que con él -todo sea dicho- no se tuvo siempre.
Como rincón preferido elige la franja de costa que une Meirás con la playa valdoviñesa de A Frouxeira. Un lugar por el que va a caminar con frecuencia. Solo. Tranquilamente. Disfrutando del silencio.