El mar es una de las fuentes de recursos más importante de nuestra comunidad. Muchas personas viven directa o indirectamente del mar y de lo que se extrae de él. Lo complicado es alcanzar el equilibrio que permita que la presión pesquera y marisquera no suponga un riesgo para la viabilidad futura de los recursos.
Una iniciativa pionera en Galicia fue la creación de reservas marinas de interés pesquero. Para entender qué es una reserva marina podemos imaginar un área en el mar, cerca de costa, en el que se prohíbe la pesca y el marisqueo. En esa zona, una vez desaparecida la presión que el hombre ejerce para obtener recursos, las poblaciones empiezan a aumentar, y aquellas especies que se encontraban en una situación delicada se recuperan. A medio plazo, se genera en estas zonas un fenómeno de «exportación» de individuos que colonizan zonas cercanas, de tal manera que la reserva funciona como «despensa» para otras áreas costeras.
Además la implantación de esta figura de protección va unida a un esfuerzo del sector por divulgar la sostenibilidad de la pesca artesanal y la importancia de conservar la biodiversidad en las zonas litorales. En Galicia existen dos reservas marinas de interés pesquero: la de Lira y la de Cedeira. Los beneficios generados por estas reservas son bien conocidos. El problema es que cuestan dinero, ya que su mantenimiento exige una serie de medidas de control y vigilancia para evitar el furtivismo. Esta semana la Consellería de Medio Rural e do Mar publicó que prorroga el convenio de control de las reservas a la espera de una reunión con las cofradías de la zona. Esperemos que de esa reunión salgan las bases para mantener estas reservas tan necesarias en nuestra costa.
Una iniciativa pionera en Galicia fue la creación de reservas de interés pesquero
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