El alpinista gallego Sechu López, que luchó 3 horas con el viento para burlar un precipicio, grabó una avalancha en el Annapurna que sepultó a 4 alpinistas
24 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Sechu López vivió en primera persona toda la dureza del Annapurna, la cima del mundo con mayor índice de mortalidad (el 40 %). En su primera intentona hacia la cumbre, el montañero gallego afrontó un doble percance. Como espectador, una avalancha espectacular que sepultó a cuatro montañeros que afortunadamente salieron ilesos gracias a la cuerda fija. Un segundo, en primera persona, tirado en una repisa de un muro vertical para evitar que las rachas de viento de 80 kilómetros se llevasen su tienda, montada a un metro de un precipicio. Por fortuna, pudo regresar al campamento base para contarlo, pero con la esperanza de volver en cuestión de días para cumplir su sueño de hacer cumbre.
La avalancha llegó a los ojos y a la cámara de vídeo de Sechu, cuando escalaba hacia el campo 3 en su camino a la cima del Annapurna. El vigués se encontraba a 5.800 metros de altura cuando pudo divisar a cuatro montañeros que afrontaban el tramo más peligroso. «Houbo un gran estoupido», comenta en su blog el gallego, que recuerda que «estaba grabando o vídeo da ascensión dos compañeiros e vin como una gran avalancha ía directamente a coller aos catro que me precedían. Foron uns angustiosos segundos... a cousa pintaba de traxedia. Pensei no peor, foi terrorífico». No se cumplieron sus peores augurios. Cuando el manto blanco de la avalancha se paró, los cuatro alpinistas (una pareja mexicana con sus dos serpas) estaban en el mismo sitio. «Salváronse porque estaban unidos á corda fixa e aguantaron», precisa.
Quedó inmóvil durante media hora. Con dudas. Pensando en seguir subiendo o volver al campo base. Al final tiró para arriba «pero sentíndome como un paxariño, co corazón nun puño».
Tenía motivos para desconfiar, porque el segundo aviso del Annapurna lo vivió en primera persona. A 6.330 metros del altitud encontró una pequeña repisa para montar su diminuta tienda. Delante de un muro vertical y a un metro del precipicio. A las nueve de la noche el viento comenzó a soplar de tal forma que alcanzó rachas de 100 kilómetros por hora, lo que provocó que la tienda comenzará a levantarse. «Estaba a menos dun metro do precipicio e tiven que tirarme contra o lateral no que azoutaba o vento para evitar saír voando. En cada empurrón parecía que estaba a piques de saír voando. Confenso que sentín medo», relata en su blog. Su lucha duró tres horas «interminables» a -13 grados. Cuando todo pasó, fue capaz de cocinar y cenar. Eran la dos de la madrugada.
Y aunque al día siguiente se quedó en el C-3 para completar su aclimatación, ahora ya está de nuevo en el campamento base. Primero para recuperar fuerzas, pero también para analizar los partes meteorológicos y comenzar a analizar sus posibilidades de ascensión a la cumbre del Annapurna en los próximos días. Tiene de margen hasta el 7 de mayo, día en el que prevé iniciar el regreso a casa. Espera que sano y salvo para rememorar sus aventuras.