El inmueble, de 130 pisos, se terminó en el 2009, cuando quebró Teconsa
25 mar 2012 . Actualizado a las 07:05 h.Se metieron dentro porque nada ni nadie se lo impidió. Y desde entonces tienen más de mil habitaciones para estirar las piernas, organizar conciertos, tertulias o lo que se les antoje. Estaba vacío y dicen que, de no haber entrado ellos, a estas alturas estaría saqueado. Faltarían las ventanas, los registros o los radiadores; pues al inmueble no le falta de nada. La constructora Teconsa quebró y se fue de ahí sin mirar atrás, dejando en manos de un banco 130 viviendas en esta mole situada en la avenida de Finisterre, a la altura de A Moura. Porque antes de ser hogar de 15 jóvenes fue una de esas promociones devoradas por la crisis. Era Teconsa. Se fue al tacho a finales del 2009, dejando en la calle a 577 trabajadores en Galicia. Muchos de ellos participaron en esta macropromoción que no se sabe qué va a ser de ella ni de las personas que dieron la entrada y ahora no ven la salida.
Ayer, a las nueve de la mañana, los ocupantes estaban limpiando. Eso hacen desde que llegaron, acondicionar un lugar que, aunque sin estrenar, fue pasto de los vándalos y de ladrones. Hoy está protegido por un folio mecanografiado en uno de sus portales. En él se puede leer: «Este es nuestro domicilio y no tenemos intención de marcharnos de aquí... Hasta que un Juzgado disponga lo contrario, nos quedamos aquí, por lo que la entrada a este edificio sería denunciada, ya que se incurriría en un presunto delito de allanamiento de morada, tipificado en el artículo 202 del Código Penal castigado con pena de prisión de seis meses a dos años». Con este cerrojo se sienten seguros. Por el momento les sirvió. Tanto, que la policía fue por ahí hace unos días y los jóvenes les mostraron la salida. Les explicaron a los agentes que esa es su residencia y sin orden de desalojo o entrada no pueden acceder. Los agentes dieron media vuelta y no volvieron.
Su intención no es la de quedarse para siempre. En cuanto la entidad resultante de la fusión Caja España, Duero y Unicaja, que es ahora la propietaria del inmueble, venda los pisos y permita la entrada de los que habían dado entrada, «nos iremos seguro».
Todos los jueves, a eso de las nueve de la noche, los jóvenes que ocupan este edificio de A Moura celebran una asamblea al aire libre, alrededor de una hermosa fuente de piedra. Ahí están invitados los vecinos de la zona, que, según dicen, se los ganaron. Les explican sus proyectos, sus sueños y lo que pretenden con la ocupación.
Vecinos
Una mujer de avanzada edad que ayer a primera hora paseaba por la zona no tenía más que buenas palabras hacia unos «rapaces que non lle fan dano a ninguén. Moi educados». Recordaba incluso que si se cruzan con ella le ayudan a llevar la compra a casa. Su vecina es de la misma opinión. Como ellos, afirma que desde que llegaron desaparecieron los ladrones. «Antes venían por la noche, se metían dentro y lo desvalijaban todo. Venían drogadictos. Ahora está todo tranquilo y nos sentimos más seguros».