En Sober se conserva una curiosa reliquia de la medicina popular
14 mar 2012 . Actualizado a las 11:00 h.En Pinol de Abaixo, en la parroquia soberina de Santiorxo, se conserva una curiosa reliquia de la medicina popular gallega. Un vecino de esta localidad, Germán Pérez Pérez, de 94 años, posee un singular amuleto consistente en un trozo de jaspe que, según la creencia tradicional, facilitaba los partos tanto en las mujeres como en las vacas y que heredó por tradición familiar.
Germán Pérez cree que este objeto ya debía de estar en posesión de su familia en tiempos de su bisabuelo. Pero él solo recuerda haberla visto cuando vivía su abuelo. Más tarde pasó a manos de su padre para terminar finalmente en su poder. En cuanto a su procedencia, señala que según la tradición familiar, la piedra de jaspe vino de un convento de Santiago. «Seguramente trouxérona os curas -cuenta a este respecto-. Naqueles tempos había parentes que exercían de curas na casa, é posible que un deles fose o que a trouxo de Santiago».
En la actualidad no es posible ver el amuleto, ya que su propietario lo mantiene cuidadosamente guardado en un saquito de pana con la abertura cosida, para evitar que se dañe o se pierda. Según explica, la piedra es de un color verde azulado, con vetas de varias tonalidades, y está engarzada en una pieza de plata con una argolla.
Una fama considerable
El jaspe de Pinol de Abaixo fue muy conocido en tiempos por sus supuestas propiedades medicinales y sus sus propietarios se lo prestaban con frecuencia a muchos vecinos, no solo de los alrededores, sino también de bastante más lejos. «Viñan de todas partes, pero sobre todo de Sober, Pantón, Quiroga e A Pobra do Brollón», comenta Germán Pérez. «A pedra tiña moita fama e non paraba un día na casa», añade. Los dueños no cobraban nada por el uso, pero algunos lo agradecían con la voluntad o un paquete de tabaco.
El jaspe era especialmente apreciado para los partos que se preveían difíciles o que habían sido precedidos por abortos. El modo de uso era sencillo. Bastaba colgar el saquito del cuello de la mujer o de la res durante un par de semanas, pero la tradición aseguraba que tampoco convenía llevarlo puesto por más tiempo. «Do contrario podían ter problemas para parir e podería morrer a criatura», señala el propietario, quien recuerda precisamente uno de esos casos problemáticos que se dio durante el parto de una vaca: «Xa lle saían as patas do becerro pero non lle saía o resto do corpo e tiveron que quitarlle o xaspe do pescozo para que puidese rematar de parir sen contratempos».