La economía de un bienio negro (2012-2013)

FIRMAS

Es más fácil predicar que dar trigo. En la lenta agonía del anterior Gobierno de España, el líder de la oposición trataba de convencer al electorado de que el mayor problema de la economía española era aquel Gobierno, y que el oportuno cambio democrático supondría una clara inflexión y mejora. La confianza interna y externa haría germinar -entonces sí- robustos brotes verdes.

En el Consejo de Ministros de este viernes -y en simultáneas declaraciones del presidente en Bruselas-, el nuevo Gobierno donde dijo digo dice Diego. No es la primera vez, ya sucedió con el IRPF. Porque ahora en su cuadro macroeconómico y en el acuerdo donde cuantifica sus objetivos de estabilidad presupuestaria para el 2012 nos dibuja un negro futuro de prolongada recesión.

Conviene enfatizar que si aquellos patéticos brotes verdes del 2011 se cerraron con un crecimiento del PIB del 0,7 % y una tasa de paro del 21,6 %, el cuadro del 2012 nos lleva a una caída del PIB del -1,7 % y a un paro del 24,3 %. Previsión que coincide con la del FMI, organismo que para el año siguiente vaticina una nueva caída (-0,3 %). Bienio negro, en recesión.

Cuando nuestro Gobierno desagrega este desastre, se distancia a la baja del consenso de, nada menos, las diecisiete previsiones que sintetiza Funcas. En la demanda interna su previsión es peor, porque para el Gobierno el consumo público va a duplicar la caída de la estimación de consenso (un -11,5 % frente a un -5,1 %), lo que significa que los ajustes fiscales van a serlo básicamente por el lado de los gastos. Pueden seguir durmiendo tranquilos los potenciales ingresos fiscales evitados por las rentas no salariales.

Paro

Lógicamente, el cuadro oficial es mucho más negro que el consenso de previsiones en lo relativo a la destrucción de empleo y al aumento de la tasa de paro. Baste decir que para el Gobierno superaremos ya este año la tasa que aquellos cifraban para finales del 2013 (un 24,2 %). Todo un récord, al que no puede ser ajeno el ajuste de caballo del déficit público. Un ajuste de 29.000 millones este año que se prolongará en otros 30.000 el que viene.

Porque en el objetivo de estabilidad se asume el dictado de llegar al -3 % el año que viene y, antes, terminar este con un -5,8 %. Un ajuste que parece se hará por el lado de los gastos y de las comunidades autónomas. Llama la atención que, con la desastrosa tendencia del empleo, el Gobierno crea que puede mejorar el saldo de la Seguridad Social del pasado año, y que presuma de tener controlado el déficit de los ayuntamientos con una burbuja inmobiliaria que sigue en la uci.

En resumen, nuestro Gobierno ha empeorado las previsiones de recesión de la economía española que elabora la Comisión Europea (-1,7 % frente a -1 %) con la esperanza de que eso le permita justificar un menor ajuste fiscal este año (del -5,8 % en vez del -4,4 %) ante la propia Comisión. Creo que es peor el remedio alegado (asumir más recesión y paro) que la supuesta enfermedad de un déficit público excesivo. Porque ese remedio es justo lo que habría que evitar a toda costa.

Y, ¿saben lo peor de todo? El FMI vaticina un déficit público del -6,8 % para este año. Vuelta a empezar.

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