No hay cambios: seguimos en caída libre y sin paracaídas

FIRMAS

Ni antes en Galicia ni ahora en el conjunto de España el esperado cambio político nos ha traído la prometida recuperación del empleo. Los datos de parados y cotizantes de febrero son este año peor que los del año pasado. Sin paliativos.

Nada parece impedir que nos deslicemos por la peligrosa senda de la depresión. Y las previsiones disponibles (con reforma laboral incluida) agudizan esta sangría para el 2012 y el 2013, año en el que ya superaremos el 24 % de tasa de paro. Se agravará así el déficit de la Seguridad Social y la caída en la demanda interna de los hogares. En estas circunstancias -y con una demanda externa en retroceso- lo menos conveniente sería aplicar un tratamiento de shock sobre el consumo e inversión públicas y sobre la renta disponible de las familias.

Pero eso es lo que se hará para cumplir con el dictado fundamentalista de Fráncfort, de los banqueros y de sus ideólogos: ajuste al 5,8 % este año (y al 3 % el que viene) y devaluación interna. Sudor y lágrimas.

Donde el anterior Gobierno soñaba con un ajuste de un 1,6 % para este año, el actual se compromete ahora, en recesión, a llegar al 2,7 %.

De manera que el mismo día que el mercado laboral nos dice que el enfermo sigue empeorando, reforzaremos el tratamiento que lo llevó hasta aquí.

El objetivo de déficit (-5,8%) y el cuadro macroeconómico aprobado por el Consejo de Ministros (-1,7 % PIB) para este año son un billete hacia lo desconocido. El Gobierno hace en esto suyas las previsiones de crecimiento del Fondo Monetario Internacional (muy negativas), pero no dice -ni puede garantizar evitar- que el déficit que prevé para España el FMI con ese crecimiento alcanzaría el 6,8 este año y el 6,3 % el que viene. ¡El doble de lo que se nos exige, y que asume el propio Gobierno, desde Bruselas!

A la espera de concretar qué gastos públicos se recortarán (de los ingresos ni se habla) y de cómo se erosionarán las rentas disponibles de los hogares (copagos autonómicos por medio), lo que es seguro es que el país ha perdido (en el interior y en Europa) la capacidad de disponer de una estrategia alternativa. De un paracaídas en esta ya doble recesión.

Como si lo tienen en EE.?UU., que incurriendo en un déficit público muy superior al nuestro están consiguiendo transformarlo en un crecimiento de la economía y del empleo que para nosotros quisiéramos.

De no cambiar las tornas por ahí fuera (en Francia para empezar) aquí son legión los que nos conducen, siempre por nuestro bien y con las mejores intenciones, hacia el abismo. En sus manos los Gobiernos de la Unión se limitan a ser guardianes de una ley de hierro presupuestaria, y es así como acaban siendo meras comisarías locales de orden público. Un papelón.