El pleno del pasado lunes batió todos los registros. Buscando en el baúl de los recuerdos, Juan Fajardo recordaba alguno de la época en la que Javier Gago era alcalde que concluyó por encima de las dos de la madrugada. En todo caso, las nueve horas y media de duración batieron holgadamente el registro anterior, de alrededor de siete horas y media, y también correspondiente a un mandato, el actual, que va camino de convertirse en histórico.
Así las cosas, todos los grupos políticos están de acuerdo en que hay que sacar adelante cuanto antes el reglamento de intervención plenaria. No hay consenso, sin embargo, en el modelo de funcionamiento.
La propuesta del grupo de gobierno pasaría por limitar el tiempo de la primera intervención a cinco minutos, y de tres minutos para la réplica. La oposición, sin embargo, no iría por ese camino, algo que desagrada a Tomás Fole. «En privado nos dicen una cosa -afirma el regidor refiriéndose a miembros de la oposición- y en público otra porque llega la troika y dice que las intervenciones deben ser ilimitadas». Asegura el alcalde que es Juan Fajardo el líder de la oposición y que ninguno de los otros grupos le rechistan.
Para Fole, la clave pasa por aprovechar las juntas de portavoces y las comisiones informativas porque, en los plenos, «no vamos a convencer a nadie».
La amenaza de marzo
Lo cierto es que el alcalde parece decidido a sacar adelante el nuevo reglamento cuanto antes. Entre otras cosas porque ayer adelantó que el pleno que se celebrará el próximo mes será denso -probablemente querrá llevar ya la propuesta de aprobación de ese reglamento- y según reconoció el propio Fole, la actual corre riesgo de convertirse en la «corporación más coñazo de la historia».