La demolición del viaducto tendrá un efecto más duradero que el cierre registrado en la PO-10. Al menos así será para los vecinos de San Blas y Matalobos, que empleaban hasta este fin de semana el puente en sus desplazamientos entre ambas poblaciones. Porque la demolición no vendrá sucedida de una reposición inmediata de una infraestructura similar. Los habitantes de ambos lados de la autovía PO-10 deberán esperar aún casi un año para contar con un nuevo viaducto que sustituya al demolido este fin de semana. El corte de la PO-10 apenas les afectó ayer, pero sí lo hará el calendario previsto para las obras. Hasta finales de año, siempre y cuando se cumplan los plazos previstos para la ejecución de los trabajos, no podrán disponer de una nueva infraestructura sobre la autovía de ronda.
Recorridos alternativos
Entretanto tendrán que utilizar recorridos alternativos. Se trata de la calle Herminia Fariña Cobián, que da acceso al instituto Torrente Ballester, o el desvío de la N-550 situado en las proximidades del lavadero de Cabanas, en la parroquia de Salcedo.
Para acceder de un lado a otro de la autovía de ronda será necesario ahora utilizar cualquiera de estos recorridos. Cambiará también la ruta que muchos conductores utilizaban hasta ahora para abandonar el centro comercial Carrefour a través del puente demolido este fin de semana, salida que queda inhabilitada.