¿Nació la pareja Montijoy?

leoncio gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

FIRMAS

La tarjeta roja que expulsó a Berlusconi del terreno de juego ha cambiado la imagen externa de Italia en Europa ya que, por primera vez en mucho tiempo, no es noticia por los escándalos o bufonadas del ex primer ministro. Pero sobre todo está modificando el papel del país transalpino dentro de la UE. Ha reaparecido con fuerza una Roma más activa que no se resigna a ser el problema de la eurozona y que aspira a intervenir de forma decisiva en el dibujo de la solución. Paradojas de la vida, el pecado original que pesa sobre Mario Monti por la forma en que llegó al poder no obstaculiza esa pretensión, sino que la favorece.

Nombrado por la puerta de atrás y con una legitimidad democrática limitada, en las manos de partidos como el PDL o la Liga Norte que lo aceptaron a regañadientes y forzado por una opinión publicada en su mayor parte antialemana, Supermario ha tenido que demostrar que no era el perrito faldero de Merkel si quería disponer de margen para actuar. Lo ha conseguido con una fórmula mucho más política que técnica, que está siendo imitada ahora por España, y que consiste en cargarse de razón aplicando las medidas de ajuste para proclamar, acto seguido, que los recortes por sí solos no conducen al crecimiento y que son necesarios estímulos adicionales para recuperarlo.

La fórmula, bien vista por el FMI y plasmada en la carta que acaban de dirigir a la Comisión doce socios de la Unión, ha traído consigo la aparición de una inusitada pareja en la pista de baile que podríamos denominar Montijoy, por oposición al dúo Merkozy, en la medida que se acepte que Madrid sigue el paso de Roma. No ha desbancado la narrativa del eje franco-alemán, basada en la austeridad a secas, pero sí ha puesto de relieve las limitaciones que tiene y, en consecuencia, abierto las puertas a una reformulación menos drástica de la misma.

¿Por qué no han salido todavía al paso Berlín y París? Después de bendecir su nombramiento, pero sobre todo temiendo que la confrontación con él precipite el retorno de Berlusconi, Angela Merkel tiene complicado desautorizar tan pronto a Monti. Algo parecido ocurre con Sarkozy. La merkelización acelerada que se vio obligado a emprender para enmascarar el declive de su país ha desdibujado el papel tradicional de Francia como bisagra entre el norte luterano y el sur mediterráneo: debe evitar el sarcasmo si desea recuperarlo.

Ambos dirigentes son conscientes, además, de que el tiempo juega en contra de Monti. La desberlusconización de Italia es absolutamente primordial para estabilizar la eurozona, pero, como acaba de demostrar la sentencia del caso Mills, es una tarea más compleja de lo que parece, que no se puede confiar en exclusiva a la acción de la Justicia. El paréntesis tecnocrático ha sido aceptado como una solución de emergencia pero se cerrará el año que viene, cuando los italianos sean llamados a las urnas. Si en ese momento el balance de Monti es que Italia sea una segunda Grecia o un segundo Portugal, la tentación de encomendarse otra vez al populismo, en lugar de romper con él, puede ser perturbadora. Quizá sea por esto conveniente aflojar un poco la presión.