Rajoy se hartó de resaltar en su discurso la importancia del partido en este momento y de la necesidad de que el PP no se debilite pese a que ahora ocupen el Gobierno. Pero la realidad es muy otra. Varios compromisarios del PP no se han cortado este fin de semana en afirmar que el congreso era algo así como un latazo. El más claro fue uno de los máximos dirigentes y hombre muy próximo a Rajoy, que no se recató en decirle a La Voz que «lo importante es gobernar, esto dura un fin de semana y todo esto del comité ejecutivo no sirve prácticamente para nada».
Por lo visto ayer, Rajoy va a tener que hacer verdaderos esfuerzos para mantener la tensión en el partido. No así para mantener su liderazgo indiscutido, mayor que el que tuvieron nunca Aznar o Fraga. Ayer, fue elegido presidente con el 97,44 % de los votos. A la búlgara, por tanto. Lo cierto es que el Mariano Rajoy al que ayer encumbraron sus compañeros en Sevilla no tiene nada que ver con el que eligieron no hace tanto, en el 2008, en Valencia. La diferencia es mucho mayor que la que va del 84 % de entonces al 97,44 % de ahora.
«Yo he trabajado mucho»
El líder del PP se sabe el político con más poder que ha habido nunca en democracia. Y eso se nota. Absolutamente relajado, no tuvo reparo en reivindicarse ante los suyos. «Aunque hay quien dice lo contrario, yo he trabajado mucho», afirmó antes de enumerar los sucesivos cargos que ha ocupado en el partido. Y, respecto al otro tópico sobre él, el de que le cuesta tomar decisiones, preguntó: «¿a qué extremos habremos llegado en España para que pensar las cosas pueda llamar la atención?».
Tan seguro se siente Rajoy que, mientras Dolores de Cospedal eludió cualquier referencia en su informe de gestión a los casos de corrupción que han afectado al PP, él no tuvo problema en abordar el tema. Y lanzó un aviso a navegantes de que será inflexible si se repiten. En caso de que eso ocurra, actuará con «esfuerzo y rigor» contra los responsables. Aunque aseguró que no corre el riesgo de que se le suba el cargo a la cabeza, la última prueba de que se considera ya por encima del bien y del mal es que ignoró por completo la herencia recibida. Puede que eso quede para hoy.