Es mujer, joven y emprendedora. No teme a la crisis, aunque sus coletazos le están golpeando la ilusión. María del Carmen Moreira dijo adiós a dos años de paro buscando un empleo propio en un lugar donde a nadie se le pasa por la cabeza innovar. Guiada por el equipo profesional de la Cámara de Comercio, Moreria puso en marcha una empresa de limpieza de sepulturas. No le tiene miedo ni a la muerte. Para comprobar que el camposanto es solo un espacio abierto sin connotaciones negativas fue la noche del Día de Difuntos al cementerio para ver si tenía miedo. Se dio cuenta de que no y así empezó un proceso de publicidad para darse a conocer. Repartió los folletos por el
cementerio para que la gente conociese sus servicios.
Muchos de sus compañeros de curso se sorprendieron cuando anunció su idea, pero era algo que desde pequeña le rondaba la cabeza. «Una vecina de mi madre siempre decía que quien le iba a limpiar la tumba cuando se muriese», recuerda. El ruxe ruxe que tenía desde entonces se acabó convirtiendo en una realidad pasados los 40 años.
El gasto inicial era muy bajo, apenas mil euros de inversión para salir del desempleo. A cambio, María José Moreira ofrece la limpieza de la sepultura o el cambio de flores. Los arreglos varían entre los seis y los veinte euros dependiendo de si es un nicho o una tumba. María José se encargará de que las motas de polvo no empañen el descanso eterno.
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