«El cuerpo me pidió macarrones y los comí encima de la bici»

El triatleta Florindo González acabó quinto en la doble Enduroman de Lanzarote


luis m. rodríguez

Florindo José González (México, 1975) es un vecino de O Carballiño, nacido lejos de Galicia por aquello de la emigración. Hoy en día, sus viajes, cuando su trabajo de Guardia Civil se lo permite, son motivados por el triatlón y por el estímulo de fijar hasta dónde puede llevar a su cuerpo. Así ha participado -y concluido- ya en cinco pruebas de Ironman. Recientemente, se ha estrenado con éxito en la doble Enduroman de Lanzarote, en la que terminó quinto, como segundo español.

-¿Cómo se gesta la idea de participar en una competición de este calibre?

-Llevo más de quince años haciendo deporte. Comencé corriendo en populares, después pruebas como los 10 kilómetros, los 21, los 42 de la maratón. Más tarde llegó la bici, me gustó, y pasé al triatlón. Siempre hay un reto para superarse, ya organizan dobles triatlones y triples; supongo que será una cuestión de orgullo.

-Lo del Enduroman de Lanzarote ya es un salto cualitativo importante.

-Era ahora o nunca. Tengo una hija y esperamos otra, seguramente después tendré otras obligaciones. Me lo propusieron hace algún tiempo y cuando lo pensaba sentía cierto vértigo. Más de 7 kilómetros a nado, 360 en bicicleta y, de postre, 84 de carrera a pie. En el club hicieron porras sobre si lo lograría o no, así que me decidí a probar. Me pasé el invierno entrenándome para esa cita, fue muy pesado, porque además tuve que hacerlo muchas veces de noche, por los horarios del trabajo -es Guardia Civil-, restándole horas al sueño y a la familia.

-¿Se encontró lo que esperaba en Canarias?

-Para nada. De principio, había alerta roja en el mar y, cinco minutos antes de empezar, la natación se suspendió. La organización preveía en ese supuesto una media maratón. Puede parecer más sencillo, pero pasar a la bici después de correr es un calvario y, además, todas las estrategias se iban por tierra. Empezamos a las cuatro de la tarde, lo que significó montar en la bicicleta de noche, con un viento en contra con ráfagas de más de sesenta kilómetros por hora. No entiendo de marejadas, pero yo hubiera suspendido el ciclismo. Hubo varios competidores que se cayeron y otros optaron por la retirada, fue muy dura.

-¿Fue su momento más delicado en el fin de semana?

-Sin dudarlo. Estuve a punto de abandonar, a las siete de la mañana del domingo. Se levantó una tormenta de calima, con arena y no veía, así que puse pie a tierra. Hice un descanso y dormí 25 minutos, los únicos del total de las 29 horas que emplee, el resto estuve andando, corriendo o encima de la bici. Con los ánimos de mi hermano, que me acompañó como ayudante, volví a salir y hasta el final.

-¿Siguió alguna estrategia de avituallamiento?

-Llevaba barritas y geles, pero llega un momento en que no puedes seguir con eso, porque es muy dulce y pastoso, así que cuando me apetecía un bocadillo de chorizo se lo pedí a mi hermano, café y hasta helado. Hasta en una ocasión el cuerpo me pidió macarrones y los comí encima de la bici, porque me los trajo en un vaso.

-Los músculos también dirían basta varias veces.

-Para el dolor muscular llevaba pastillas de magnesio, pero lo más práctico es el ibuprofeno normal, el que utiliza cualquier persona en su casa. Tuve amagos de calambres y, hombre, si vas fastidiado, no hay nada que hacer, pero es importante en este tipo de competiciones dosificarse lo mejor posible. Solo pensaba en llegar, no en el tiempo.

florindo gonzález guardia civil, triatleta y ultrafondista

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