Tras su investidura, Baltar Blanco empezó ayer a gestionar la institución
08 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.«A tope». Así vivió José Manuel Baltar el día de ayer, el primero de trabajo como presidente de la Diputación ourensana. El máximo responsable de la institución provincial no tuvo, pues, demasiado tiempo para descansar, máxime cuando horas antes tuvo que soportar el agobio que supuso la jornada de su investidura. Ese mismo lunes se reunió por primera vez con su grupo de gobierno, como se observa en la imagen de la derecha, y les pidió que se implicaran más en el día a día de la Diputación, un encargo que ayer les repitió por separado a algunos de ellos. Justo antes de esa entrevista, Baltar hijo había tomado posesión ante un salón de plenos abarrotado. Además de los cuatro mareos que tuvo que atender Miguel Santalices, médico y diputado popular, la gran afluencia de público provocó que algunas autoridades tuviesen que quedarse de pie, como le ocurrió al presidente de la comisión de Fomento del Congreso, Celso Delgado. Tras el pleno, el nuevo presidente le saludó a él y a decenas de cargos del partido. A partir de ahora tendrá que atenderlos como máximo responsable de la Diputación por las mañanas y como líder del PP por las tardes «para non mesturar as cousas do partido coas cousas da Deputación, nin viceversa», según él mismo explicaba ayer a su salida del Pazo Provincial.