«Ourense non pode esperar», dijo ayer durante su discurso de investidura José Manuel Baltar Blanco dirigiéndose a sus diputados. Allí mismo, y ante un salón de plenos abarrotado, los convocó para una primera reunión del grupo de gobierno que se celebró inmediatamente después de finalizada la sesión. Los cambios que llegarán con el relevo en la presidencia de la Diputación se hicieron visibles ya en ese encuentro puesto que Baltar se sentó justo del lado contrario al que solía ocupar su padre en ese tipo de citas.
Además de las formas, el nuevo presidente de la institución provincial anunció a sus diputados su intención de que su gestión al frente de la entidad no sea tan personalista como la que desarrollaba su predecesor. Por eso les pidió a sus compañeros de gobierno una mayor implicación en el día a día de la Diputación. Según explican algunos de los presentes, en resumen lo que hizo fue pedirles que se pusieran a trabajar para que, al igual que hizo en el partido cuando asumió su dirección provincial, se pongan en marcha grupos de trabajo.
Por ahora Baltar no entró en más detalles con sus diputados. Tampoco a preguntas de la prensa quiso adelantar sus primeras medidas ni avanzar eventuales cambios en el grupo de gobierno, especialmente en lo que respecta a su portavocía y al nombramiento de vicepresidentes. Eso deberá esperar, según explicó, a que conozca con exactitud la situación en la que está la institución provincial. En esa tarea, según dijo, espera encontrar la colaboración de los funcionarios.