Mónica de Soto es profesora de Educación para la Ciudadanía en un colegio concertado y confesional, La Salle de Santiago. Desde su experiencia, la asignatura no tiene nada de polémica en el día a día, muy al contrario, resulta necesaria. «Creo que la gente que se queja no ha leído los libros de texto de EpC porque no tienen nada de polémica -apunta-. Nosotros tenemos el de José Antonio Marina [editorial SM], pero todos son muy parecidos». Aquellos que se tacharon en su momento de sectarios no estaban reconocidos por el ministerio como libros de texto.
Sí es cierto que un profesor puede adoctrinar a sus alumnos, pero De Soto reflexiona: «Igual que un profesor de historia que explique la Guerra Civil puede adoctrinar a sus alumnos», pero eso no significa que la asignatura sea tendenciosa.
Más allá de la polémica, Mónica de Soto destaca los aspectos positivos de EpC: «Habla de los derechos y deberes de un ciudadano, de la formación de la personalidad, de los proyectos vitales» y de asuntos relacionados con la vida que los alumnos no ven en otras clases. «Hablamos de las oenegés, de la esclavitud, de cómo hay derechos humanos que no se cumplen en todas partes», relata Mónica de Soto, quien también destaca el modo de trabajo porque «se sigue el temario y el libro, pero los estudiantes trabajan en grupo, presentan temas y aprenden a defender sus ideas con discursos y a debatirlas».