Celeste Martínez (Uruguay, 1977) irradia optimismo, energía y agradecimiento. La suya es una historia de sueños y superaciones. Hace 13 años dejó su país natal con su hijo en busca de una vida mejor. Estuvo en Barcelona y luego se trasladó a Lugo, embarazada de seis meses: «No paré de buscar trabajo, y cuando el niño nació lo conseguí, primero limpiando y luego de dependienta». Pero el año pasado la vida se complicó sobremanera para esta joven: «Dormía en el suelo, en casa veía el vapor de mi boca al hablar, por el frío. Cuando vi que no podía ni pagar el butano ni el detergente pensé que era el colmo. No tenía ni para comer ni lavar la ropa y gracias a Cáritas sobreviví y estoy estudiando».
Por eso estará eternamente agradecida a la parroquia de A Milagrosa: «Comida en Lugo te dan en muchos sitios, pero yo necesitaba dinero. Vine a la parroquia, le conté a José Antonio lo que me pasaba y me dio 20 euros. Se me cayeron las lágrimas», recuerda emocionada. A partir de ahí, todo empezó a mejorar. «Yo no quería pedir siempre, y les rogué que me ayudaran a superarme», añade. Cáritas le dio comida, ropa, mantas, dinero y un colchón. Pero no solo eso: «Hice un curso de atención a familias en el hogar y encontré trabajo limpiando en casas de señoras mayores y haciéndoles compañía», señala, aunque ahora está en paro. Además, ha retomado los estudios y cursa tercero de ESO: «Y fue gracias a la Iglesia. Mi niño también recibe apoyo escolar gracias a la Iglesia». Además, la parroquia de A Milagrosa le encontró padrinos para el bautizo de su niño, le organizó el convite y lo costeó.
Volver a Uruguay ni se lo plantea. «Incluso con la crisis, España está mejor. Aquí hay esperanza. En Uruguay beber una Coca-Cola o comer carne aún es un lujo», añade.