«A mis hijos no los mando al cole, juegan y aprenden en casa»

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

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ÓSCAR PARÍS

La Audiencia da la razón a los sadenses que no escolarizaron a sus 3 niños

27 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

No son mohicanos, pero los hijos de Marta García no van al cole. Y eso que Elisa tiene cinco años, Lidia, ocho, y Hadrián (con hache) acaba de cumplir los nueve. Los pequeños se levantan de cama cuando quieren, juegan cuando les apetece o suman y restan cuando les place. Es que para esta familia «es tan importante saber hacer un pastel que saberse la tabla del 9».

Contado así, lo que hacen estos padres de una diminuta aldea de Sada (A Coruña) con sus críos es un delito. La ley obliga a escolarizar y castiga al que no lo haga con pena de prisión. De hecho, ya hubo una magistrada, la de Betanzos, que los quiso procesar por un delito de abandono de familia. Gracias que la Audiencia Provincial les dio la razón, les permitió educar a sus hijos como lo hicieron hasta ahora, «lejos del rigor académico, aprendiendo a su ritmo y sin competitividad, saciando su curiosidad leyendo, explorando un museo, empapándose de naturaleza, y sobre todo jugando, que están en la edad...». Lo dice la madre, convencida de que lo que hace es lo correcto. Y los niños, ¿qué dicen de todo esto? Pues se muestran encantados. Lidia, por ejemplo, estaba ayer al mediodía en casa dándole vueltas a un mapa mundial localizando países de personajes conocidos.

¿En qué consiste este modo de vida conocido como homeschooling que nació en Estados Unidos y que en España ya cuenta con 400 familias que lo siguen a rajatabla? Se explica con un ejemplo. El lunes, a la muñeca de la hija pequeña de Marta se le soltó un brazo. Pues a cuenta del bracito dedicaron la mañana entera a anatomía, para luego hablar de las minusvalías, del respeto al diferente. No hay museo que no hayan pisado. Ni exposición. En unas semanas viajarán a Madrid para disfrutar de la muestra de Leonardo da Vinci. Así se empapan de saber unos niños encantados de una vida a la que optaron unos padres «cansados de no verlos nunca por estar siempre en el trabajo y ellos en el colegio, obligados a dejarlos muchas veces con amigos o abuelos». La gota que colmó el vaso de la paciencia vino motivada por los problemas «físicos y psíquicos» que la escuela causó a su hijo mayor. Ahí fue cuando sacaron del cole al mayor y a su hermana Lidia. Dicen que fue salir del centro educativo y «explotar intelectual y emocionalmente». A Marta García no la saca nadie de pensar que «el aprendizaje tiene que estar conectado con la emoción». No entiende cómo a un niño de ocho años «se le puede forzar a sentarse seis horas en un pupitre». Tampoco se explica por qué se les bombardea con deberes, por qué se les obliga a memorizar conocimientos inútiles o por qué no se les deja ni cinco minutos a solas con su imaginación».

Acompañante

En resumen, se trata de «crecer en libertad», con creatividad y teniendo muy claro que «el juego es una herramienta perfecta para aprender». Marta dice que su papel «no es el de maestra, sino de una madre que acompaña a sus hijos en el aprendizaje».

¿Van a poder estudiar sus hijos Medicina, por ejemplo, cuando sean mayores? Los niños «tendrán recursos para decidir». Y hasta título de bachillerato, homologado en España del que le envíen de un colegio norteamericano, al que están adscritos y al que deben enviar un informe de seguimiento al año. Con eso les basta. Por el momento, «les estoy regalando la infancia».