Lo moral, lo penal y el bombero pirómano

FIRMAS

El ministro de Hacienda, mientras con una mano facilitaba fondos de todos los españoles que pagamos a Hacienda, para que las comunidades autónomas -Madrid, Cataluña, Valencia y otras- más endeudadas eviten el colapso al que las condujo una prolongada gestión de nuevos ricos, con la otra amenazó con la persecución penal de nuestros gestores públicos irresponsables.

Una amenaza penal que es un brindis al sol del ministro Cristóbal Montoro y que no evitará que paguemos entre todos las locuras e insensateces de unos pocos.

En esto llueve sobre mojado. Ese mismo riesgo moral corremos con las multimillonarias deudas (por ejemplo del fútbol o del sector financiero) que generaron y generan directivos de empresas, para los que la persecución penal y las responsabilidades brillan por su ausencia. Entidades que reparten privadamente en sus vacas gordas, pero que acuden a la tutela del sector público cuando todo se hunde. Riesgo moral máximo y penal mínimo. Para obras faraónicas -desde una Ciudad de la Cultura, ciudades deportivas, megaauditorios culturales, Ligas de las Estrellas- con las que nos fascinan.

Inútil predicar con el ejemplo

Cuando el sector privado traslada sus pufos al erario público (mientras sus gestores salen de rositas), es inútil querer predicar con el ejemplo. La gente y las empresas normales pagamos por nuestros errores, pero los que son demasiado grandes para caer saben que para ellos la cosa no irá nunca en serio.

Recomendaría al ministro que en vez de amagar con los tribunales impulse -e incentive- que los Consejos de Cuentas y el Tribunal de Cuentas (http://www.tcu.es/) hagan más rápido y mejor su trabajo. Pero como nuestro ministro sabe bien que su órdago penal es de humo, mientras que su combustible para el riesgo moral es real, no tardó en declarar a un diario económico alemán, nada menos, que no ve seguro cumplir con los compromisos de déficit para este año. La cosa tiene una lógica aplastante: la de un preocupante bombero pirómano.

Don Cristóbal parece no ser del todo consciente de que ahora es -de nuevo- ministro.