Aquellos maravillosos primeros años en el chalé de Cabezas o Pazo Libunca, más de un siglo de historias y leyendas
NARÓN
El cronista Fernando Masafret recuerda las anécdotas de este palacete
26 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Alzada en el corazón de Narón por la familia Montenegro, la mansión indiana conocida como Pazo Libunca o chalé de Cabezas sigue impresionando con su belleza. Y el cronista Fernando Masafret recupera hoy una de sus primeras estampas. En las fotos, cedidas por la familia de María Isabel Díaz-Pache Montenegro, se ven los primeros años del caserón reconvertido con el tiempo en hotel y también los primeros niños Montenegro que en ella habitaron por las tierras de San Xiao.
Como recuerda Masafret, «el chalé de Cabezas, casona de Embade o Pazo Libunca (como le llaman en la actualidad) fue construido en el año 1922 por el arquitecto catalán Juan Roig». El encargo corrió a cargo de Francisco Montenegro, en la parroquia naronesa de Santa María de Castro.
Se trata de «una casa indiana de corte modernista jalonada por cerámicas de Talavera y con unos espléndidos jardines, que han servido de plató fotográfico en innumerables ocasiones para la realización de reportajes de bodas de los vecinos de toda la comarca por su belleza a lo largo de los años». Incluso cuando se encontraban «medio abandonados» acogían todo tipo de posados familiares o de amigos.
Continúa Masafret con «las muchas leyendas urbanas que hubo acerca de esta casa; como por ejemplo si tenía un suelo tapizado de monedas, otros que no le dieron permiso ya que no se podía pisar la imagen del Rey y entonces las pusieron de canto, y por último lo más socorrido era que el dueño encendía los puros con billetes de 1.000 pesetas»; entre otras anécdotas.
En el actual hotel, todavía hoy se conservan como recuerdos de aquellos alegres años 20 unos azulejos intactos, las escaleras de madera, la entrada espectacular y un entorno colonial que se mantiene con ligeros cambios. Entre ellos, el torreón se ha convertido en habitación familiar tipo dúplex con vistas en 180 grados sobre la comarca. Antiguamente era el salón de té, y ahora desde ese cuarto puede verse buena parte de la comarca.