Yo los viví. Y la deriva sectaria del relato de la transición que asoma detrás de ciertas actuaciones al amparo de la Ley de la memoria democrática me provoca una rebeldía que genera angustia, al percibir que nada se puede ante la determinación de destruir la España que los españoles fuimos capaces de construir desde la concordia y la lealtad al compromiso de no revivir las dos Españas que, históricamente, han sembrado la tierra madre de odio, dolor y... sangre, derramada por hermanos, en muchos casos separados solo por las falsas fronteras que las guerras o el rencor trazan sobre el campo, que pasa a ser de batalla y en lugar de tierra de siembra. Y en la que el tiro en la nuca mató durante años a centenares de españoles, víctimas inocentes de asesinos con bandera de patriotas... Este es el preámbulo de la que pretendo sea una de las bitácoras que quiero dedicar a cuantos las lean como intento de reivindicar aquel clima político y con el deseo de que mi angustia se transforme en esperanza. En la esperanza de que estemos casi al final del camino para derribar el muro (que anunció Sánchez en sede parlamentaria y edificó el sanchismo) que nos ha devuelto a un pasado que parecía superado: el de la España partida, que mañana puede ser la España diluida. Agradezco a los lectores que me piden que desde esta ventana reivindique los tiempos de la concordia. Aquellos que permitieron realizar la transición a la democracia desde la reconciliación. Y consensuar un marco de convivencia en el que cupiésemos todos. Y así fue hasta que se cambió la realidad por el relato. Relato que ya declara a Ferrol ciudad de la memoria. Para?