No era una víbora. Era una culebra. Menos mal. La simple idea de que una víbora campase a sus anchas a plena luz del día por el centro de Ferrol, como si se tratase de un guiri más proveniente de un crucero, no parecía muy alentadora. Al final resultó que el ofidio que levantó la alarma en la ciudad era una vulgar culebra, habituada a estar en el monte, pero que se despistó y acabó en pleno mercado de A Magdalena.
Final feliz para un nuevo episodio con las serpientes en la comarca, que acumula en los últimos años historias de lo más curiosas, como aquella joven peluquera naronesa que fue sorprendida en el baño por una serpiente, de origen desconocido, y de la que nunca se supo nada más.
Si que una serpiente con pinta de víbora se pasee por las inmediaciones del mercado ya sorprende, lo mismo ocurre en San Felipe cada vez que ven que los jabalíes se han convertido en unos vecinos más. Grupos de hasta diez cerdos salvajes se pasean de día y de noche por este barrio ferrolano, asustando a los habitantes, generando peligro en una carretera que ya de por sí es sinuosa, y causando destrozos en los cultivos.
Los jabalíes han perdido por completo el miedo a los humanos y hace un año se podía ver incluso a un cerdo salvaje dándose un paseo por la playa de Seselle.
Entre las serpientes que parecen víboras y que no lo son, los jabalíes que se pasean por las calles y demás fauna, una ya no sabe si se encuentra en la ciudad o en plena jungla. ¿Cuál será el próximo?