Dulce López se jubila tras 34 años como profesora: «Lo hago con alegría, quiero escribir y ayudar con mi nieto»

Patricia Hermida Torrente
Patricia Hermida FENE / LA VOZ

FENE

La profesora Dulce López Rivera se jubila este año en el CPI A Xunqueira, de Fene.
La profesora Dulce López Rivera se jubila este año en el CPI A Xunqueira, de Fene. César Toimil

Afronta esta etapa «con vértigo e ilusión» tras los últimos años en el CPI A Xunqueira (Fene), «en un barrio de gente buena»; y recuerda cómo consiguió que alumnos de tercero de la ESO leyesen «El Quijote»

15 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Tanto amor muestra Dulce María López Rivera por su profesión y la literatura, que sus alumnos de tercero de la ESO acabaron fascinados por Don Quijote de la Mancha. «Les puse un Quijote adaptado, no era el de los dos tomos, lo leyó toda la clase y les entusiasmó; me decían ¡no sabíamos que era tan entretenido!», recuerda esta profesora de Lengua Castellana del CPI A Xunqueira (Fene) y escritora. Después de nada menos que 34 años de docente, se jubilará el 31 de diciembre y el 19 será su última clase. Y Dulce, queridísima en este centro del barrio de San Valentín y en otros por los que pasó, afronta esta nueva etapa «con alegría, vértigo e ilusión». Tiene claros cuáles serán sus propósitos inmediatos: «Escribir un libro en memoria de mis padres y ayudar en la crianza de una personita nueva, que es mi nieto de cinco meses».

Además de Lengua Castellana, esta docente ha impartido afines como Oratoria, Cultura Clásica y Filosofía. Tras estudiar Filología Hispánica en la Universidade de Santiago de Compostela, «empecé como profesora a los 28 años». La primera mitad de su trayectoria fue como interina por muchos institutos gallegos «y la segunda como funcionaria de carrera en Narón, Redondela y finalmente Fene». En el CPI A Xunqueira (donde se imparten Infantil, Primaria y Secundaria), lleva ya diez cursos: «Este centro tiene la ventaja de que entras con tres años y sales con 16, hacemos un seguimiento continuado del alumnado; y el barrio de San Valentín es de gente buena y reivindicativa». Porque San Valentín nació como barrio creado por los propios trabajadores de la antigua Astano, y sigue presente el espíritu de lucha que imperó sobre todo en tiempos duros como la reconversión de los 80.

En Fene nació Dulce en 1964, «por lo tanto mi jubilación es anticipada y voluntaria al tener 61 años». Explica que «hay que saber jubilarse a tiempo, no hay que esperar a que cuerpo y mente se agoten; tienes que retirarte en la plenitud de tus facultades, para afrontar de este modo la siguiente etapa con alegría y mucha ilusión».

Dulce López Rivera, en la biblioteca del centro.
Dulce López Rivera, en la biblioteca del centro. cesar toimil

«Lo más bonito son los niños»

Para esta veterana, «lo más bonito de mi profesión son los niños, les enseñamos materias y valores pero también aprendemos mucho de ellos porque nos aportan frescura y te ponen los pies en la tierra». Incluso cuando pasó por los momentos más duros, ellos le daban fuerzas para seguir adelante: «Tienes que enfrentarte al fallecimiento de familiares y seguir con buena cara en clase, recuerdo llegar al aula tras enterrar a mi padre y de verdad que los niños me ayudaban porque eran el ejemplo de que la vida continuaba».

Y no hay nada semejante a lograr que un alumno se apasione por la lectura. «Tuve niños que decían que nunca habían leído un libro y les inculqué el amor por la literatura e incluso algunos llegaron a escribir, además entre ellos ya había gente que venía con mucho talento». Y cuando consiguió que se interesasen por Miguel de Cervantes, «aún lo disfruté más».

La docencia le quitó tiempo para escribir todo lo que quería, entre clases, el trabajo de aula que se realiza en casa y los papeleos o formación en una profesión en la que hay que estar constantemente actualizada. Ahora lo compensará ya en su etapa de jubilación, pero antes tendrá una fiesta el mismo día 19 en el Pazo da Merced con otra compañera de Matemáticas que se retira: Conchi Rodríguez Cotos. Ambas serán homenajeadas por sus compañeros, en este centro de casi 300 alumnos que cuenta con servicio de madrugadores, comedor y extraescolares.

Atrás quedan aquellos años «en los que los niños jugaban por los patios y los caminos, ahora viven entre pantallas; las nuevas tecnologías trajeron ventajas e inconvenientes como las adicciones». Dulce siempre defenderá «la educación analógica, los libros y los colegios donde aprendes a pertenecer a un grupo y a respetar a los demás; porque la tecnología ha traído mucho individualismo».