Francisco Oti Ríos (Cabanas, 1956), un artista cuya obra abarca ámbitos que van desde el cómic hasta el diseño gráfico, además de por supuesto la dramaturgia y la escenografía, acaba de publicar O novo teatro galego en Perlío: o Teatro Círculo e Tagallo. Un libro en el que subraya hasta qué punto fueron fundamentales, para el desarrollo de lo que hoy es el sistema teatral de Galicia, grupos que en teoría eran de aficionados, pero que en la práctica trabajaron siempre, sobre las tablas y alrededor de ellas, con el máximo nivel de exigencia. Es importante que se publiquen obras como la de Oti, un libro en verdad excelente. Hay que reivindicar con fuerza la labor de quienes, con una generosidad infinita y sin esperar nada a cambio, han dedicado su tiempo, su esfuerzo y su talento a abrirle caminos a la cultura de un país que jamás sería lo mismo sin ellos. Estoy pensando ahora en la labor que formaciones como el Real Coro Toxos e Froles vienen haciendo desde su fundación no solo en los escenarios, sino también en la enseñanza musical, para transmitirles a los niños -y, en general, a cuantos aman esa música- el alma de una tradición artística que ellos mantuvieron con vida, en tiempos terribles, contra viento y marea. Pienso también en quienes, infatigablemente, y sin dejarse arrastrar por el desaliento, fueron creando espacios para que los artistas plásticos tuviesen dónde exponer sus obras. Y, por supuesto, en todos los que crearon bibliotecas. No quisiera olvidarme de nadie. Recuerdo cuánto amaba la cultura aquel extraordinario luchador por la libertad que fue Julio Aneiros, y no puedo dejar de decir que Galicia está en deuda con muchísima gente.