Andrés Picallo: «Espero morir con las botas puestas, haciendo teatro hasta el final»

FENE

A sus 84 años, el alma máter de Agarimo sigue en plena forma, dedicando su tiempo a dirigir, interpretar y escribir para crear magia en el escenario

11 ene 2016 . Actualizado a las 14:03 h.

El próximo 29 de agosto cumplirá la friolera de 85 años, pero a Andrés Picallo (Fene, 1931) no hay quien lo pare. Continúa dirigiendo el grupo de teatro de la sociedad cultural Agarimo de Sillobre con la misma vehemencia que cuando lo fundó, allá por el año 70. Y, por si eso fuera poco, Picallo sigue escribiendo desternillantes comedias de costumbres -su especialidad- y dando vida a algunos de sus personajes sobre el escenario. «Mientras el cuerpo aguante, la voluntad no falla», advierte sonriente.

-Por lo que se ve, tiene una salud de hierro. ¿No le cansan los ensayos?

-Sí que me canso, sí. De hecho, hace unos años pensé en dejarlo, pero mi hija y mi nieta, que también están en el grupo de teatro, me convencieron para que no lo hiciera. Me dijeron que si me encerraba en casa y me apoltronaba en el sofá, eso acabaría conmigo. Y creo que tenían razón. Así que, como se suele decir, espero morirme con las botas puestas, en mi casa sí, pero haciendo teatro hasta el final.

-¿Cómo descubrió el mundo de la escena?

-La verdad es que siempre me gustó. Siendo muy pequeño, en Sillobre, ya me juntaba con otros niños para hacer representaciones en la iglesia y, después, con trece años, me fui a Fene a trabajar de dependiente en una farmacia, y en las reuniones que se montaban allí -porque aquello era como un centro de tertulias- conocí a una señora que me propuso entrar en un grupo de teatro. Se llamaba Asunción Naveiras.

-¿Qué otros maestros le marcaron el camino?

-Estando ya en Astano, donde he trabajado toda mi vida como técnico de trazado, estuve en el grupo de teatro de Andrés Bellón, pero este señor se marchó a Madrid, y entonces cogió el relevo Francisco Martínez, que fue una persona de la que yo aprendí muchísimo. Al grupo de teatro le puso el nombre de Lux y, tanto me enseñó en aquellos años que aún a día de hoy lo tengo siempre en la mente. Falleció en el año 1952, pero el aprecio y el respeto que siempre sentí por él siguen intactos.

-Tengo entendido que también trabajó con Pérez Parallé...

-Sí, sí. Eso fue en el Círculo de Fene. Pérez Parallé era encantador y con él empezamos a hacer obras en gallego a mediados de los años 50 y, ya en el 63, celebramos el primer día de las Letras Galegas. Me acuerdo que Perete, como llamábamos nosotros al poeta, organizó un recital de poemas de los Cantares Gallegos de Rosalía, porque se cumplían cien años de su publicación.

-¿Cómo recibía el público estas primeras representaciones en gallego?

-Pues a la gente le chocaba un poco, porque, en Fene, a diferencia de otros sitios, no se hablaba mucho gallego. Además, nosotros hacíamos obras con un gallego de corredoira, no académico, pero yo siempre iba a ver a Pérez Parallé para pedirle que me las corrigiera porque él tenía una gran formación.

-En el 70 fundó el grupo de teatro de Agarimo... Y hasta hoy. ¿Qué ha supuesto este grupo de teatro para Fene?

-Yo creo que ha significado muchísimo y ha contribuido a fomentar la pasión por el teatro en la parroquia. En Sillobre hay muchísima afición; si hay una velada teatral programa para las nueve de la noche, a las siete ya tienes a gente en la cafetería, esperando a que comience la obra. Y en los estrenos, el local de Agarimo se llena hasta la bandera, es algo impresionante. Viene mucha gente de Fene, pero también de toda la comarca.

-Usted ha escrito mucha comedia. ¿No le atrae el drama?

-En mi juventud hice drama, pero ir al teatro para sufrir... La gente quiere ir a ver una obra y pasar un buen rato. Luego está también el teatro político, pero a mí no me va, porque en mi época no se hacía. Yo hago el teatro de siempre, con una habitación, unos personajes y una historia. No hay más misterio. Y en el teatro que yo hago todo es de verdad. Si se toma vino, pues en el vaso hay vino de verdad. Y si hay tortilla, pues los actores comen tortilla. Lo de coger una chaqueta y colgarla en un perchero, pero sin haber chaqueta ni perchero, no va conmigo. Yo hago el teatro que se hizo siempre. Y creo que sigue gustando a la gente.