El último pestillo

Alicia Freire

CEDEIRA

ANVIS

Cedeira no es un pueblo de paso, como puede ser Valdoviño o cualquier otro en donde confluyan caminos o carreteras desde ciudades vecinas. Cedeira es un lugar al que, si eres de fuera, tienes que ir a propósito, para algo más que tomar el café del viajero. Y si eres de dentro, sucede exactamente lo mismo: para salir tienes que querer irte a propósito, contra todas las fuerzas del embudo, que no son pocas. Esto hace de la Villa un lugar con un carácter muy especial, casi isleño, aunque ahora no lo sea tanto, porque en todas las casas hay al menos un coche para salir. Pero históricamente, los cedeireses vivían en un recinto cerrado por montañas, con una ría calma como piscina privada, y eso hacía (todavía hace) que las personas del pueblo sean como una familia. Y si además tenías un comercio, entonces pasabas a ser un personaje principal y fijo del cuento. Manolo, el Ferrete, como se le conoce en Cedeira, tiene la tienda en una de las calles más señeras, concurridas y necesarias de la localidad. Y su negocio es, además, de los más antiguos e indispensables. Solo por esto sería ya importante. Pero es que además su ferretería es inusualmente grande, de techos altos, mostrador largo de madera oscura y con cierta atmósfera de fábula. Y esto le dio su personalidad.

A mí, desde pequeña, me imponía entrar en ese territorio tan masculino e inmenso. Pero, una vez dentro, me encontraba con la persona entrañable que es el Ferrete, o con su mujer, Pura, de elegancia y belleza Vogueana y sonrisa luminosa, y al instante me sentía tan bienvenida como en una tienda de chuches.

En mi niñez acostumbraba a dar rienda suelta a mi natural delincuente, por lo que mis incursiones en la tienda del Ferrete solían ser para comprar grapas metálicas o cualquier material que me pudiese servir para fabricar pequeñas armas caseras con las que incordiar al prójimo, así que puedo decir que he sido clienta asidua de la ferretería desde la más tierna infancia. Pero ese es relato de otros derroteros. La ferretería de Manolo es historia de los abuelos, los padres y los hijos. Ha pasado tanta gente por ahí con necesidades y anécdotas tan distintas que casi se podría contar la historia de Cedeira a través de su ferretería. Y es además de esos comercios que tienen miles de artículos y el dueño es como un hechicero que sabe exactamente para qué sirve cada uno, pero jamás sabrá para qué se usa, así que sospecho que el local podría encerrar todos los misterios que quedan sin resolver en el pueblo. Lo que no vimos venir fue que el último pestillo de la tienda estuviese destinado a cerrar su propia puerta. Que eche el cierre después de tan larga vida va a suponer un agujero, un boquete enorme en el lienzo de la Vila Vella.

Alicia Freire es escritora y guionista.