Pudor es una opción alternativa a vergüenza, porque creo que esta palabra ha perdido la fuerza que un día tuvo. Y ya no se considera un freno necesario para no deslizarse por la peligrosa senda de considerar que la desvergüenza es «cualidad» imprescindible como arma para abordar situaciones en las que se miente con descaro para embaucar al otro sin el más mínimo reparo ni sentimiento de culpa (mucho peor, ni siquiera incomodidad). Quizá pase lo mismo con pudor. Pero no tiene tanto desgaste, porque se usa menos y en campos relacionados con la exposición del físico o relacionado con el sexo. Pero es mucho más. Y tiene que ver con la vergüenza que provoca la vulneración de la dignidad o de los valores, propios o colectivos, ocasionada por actuaciones de quienes han decidido que todo vale.
Pero no es una moralina lo que pretendo que valoren. Para mí resulta evidente que, de tanto cabalgar sobre la permisividad que rodea los escenarios en los que se desarrolla la política, hemos aceptado que lo que ayer era un delito, nos quitaba el sueño, ponía en riesgo nuestra dignidad como pueblo (como aceptar la rendición del Estado ante siete votos convertidos en instrumento de control absoluto de los tres poderes que sustentan la democracia) es hoy exigencia necesaria para la convivencia en un territorio en el que, por cierto una minoría, quiere independizarse de España. Y hoy, una vez más, he escuchado que todo esto hay que tomarlo con sentido del humor… Y esperar que los vientos cambien el rumbo. Quizá han leído el programa del BNG, que se proclama única alternativa, en el que el primer punto es la autodeterminación. Así empezó todo… y así, dicen, crecen?