Estos tres negocios ferrolanos están comandados por madres e hijos
07 may 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Cambiaron un número indeterminado, pero tendente al infinito de pañales, aguantaron días de fiebre y rabietas e incluso se quedaron despiertas noches enteras cuando sus hijos empezaban a salir de fiesta. Pero, además, en el que es su día estas tres madres ferrolanas no podrán obviar el hecho de que en su caso el vínculo que tienen con sus descendientes va más allá del lo emocional, porque trajeron al mundo a los que actualmente son también sus socios en el plano laboral.
Celia Gómez, que es todavía una iniciada en esta doble relación, comanda junto a su hija la pastelería Lula’s, ubicada en el barrio de Canido. Hace poco más de un año y medio que ambas se embarcaron en una aventura empresarial conjunta, que comenzó a gestarse en el salón de su casa cuando su hija Laura era pequeña y se despertaba, rememora Celia, a las 6.00 horas para ver un programa de repostería en la televisión.
Después de que la joven, que actualmente tiene 24 años, terminase su formación su madre no dudó en sumarse a ella en la puesta en marcha de un negocio en el que, confiesan ambas, a veces es difícil separar lo familiar de lo profesional. «Tenemos formas de ser muy distintas y antes de empezar ya me habían advertido que me pensase bien lo de trabajar con mi madre», valora Laura. «Todavía se me escapa un algún que otro ‘mamá’ delante de clientes. Es mi madre, en casa y en el trabajo y es inevitable», apostilla la repostera.
Celia, por su parte, aprovecha la coyuntura para animar a Laura a independizarse. «Seguimos viviendo juntas y eso, imagínate, son muchas horas», ahonda entre risas esta madre y compañera, que destaca además la diferencia de su situación con la de otras sagas familiares que trabajan juntas. «Nosotras empezamos las dos de cero, no es como un negocio tradicional en el que las nuevas generaciones entran y hay unas normas establecida», reflexiona.
En su caso, confiesa, trata de que su hija vaya tomando nota de sus enseñanzas, aunque no siempre sea fácil llegar a acuerdos. «Hay veces que le dices algo porque tienes más experiencia y se lo toma como si yo fuese de jefa o como un consejo de madre pesada y es porque ya has llevado más palos y sabes cómo son las cosas», concluye.
«Ni una bronca»
Con más sosiego lo llevan Mercedes Rodríguez y su hijo Miguel, que están a punto de celebrar sus bodas de plata en el ámbito laboral. Al frente de la zapatería Reparaciones de Calzado de la calle María, la veterana comerciante rememora que el que ahora es su socio ya desde pequeño mostraba gran interés por un oficio en el que se maneja a las mil maravillas. Sobre cómo se lleva eso de ser madre y socia a tiempo completo tiene claro que iniciar la relación laboral con su hijo Miguel fue todo un acierto. «Si no nos hubiera ido bien no seguiríamos aquí después de tantos años, ¿no?», destaca la propietaria de este negocio que enfila ya la rampa de jubilación. Un momento que no le corre prisa a la profesional, que avanza que tiene pensado seguir «hasta que el cuerpo aguante». Miguel, por su parte, reconoce que echará mucho de menos la compañía de su progenitora cuando llegue su retiro. «Nunca hemos tenido ni una bronca. Hay gente que dice que no podría trabajar con su madre, pero nosotros siempre nos entendimos bien», sentencia.
Ellas sí discuten aunque, reconocen, enseguida se les pasa. Belén Pedreiro y Eva Fernández, también son madre e hija y compañeras de mostrador en su ultramarinos de la calle Magdalena. Entre idas y venidas llevan una década trabajando juntas. Eva recaló en otros empleos, aunque siempre terminó volviendo a la que es su casa. «Probé en otros trabajos, pero como con mamá no hay nada igual», admite. El secreto detrás de esta buena sintonía, subraya Belén, es el amor que ambas tienen por lo que hacen. «Si te gusta, va todo rodado y más con una hija», concluye.