Los números se explican con letras


Cada día digerimos cientos de cifras. O miles. Es verdad que no todos, si contamos a los ciudadanos alérgicos a la información, aquellos otros que transitan por su micromundo dándole vueltas a los cuatro o cinco datos que le interesan (porque refuerzan su ego) y los más modernos chuliguais antisistema que rechazan, por sistema, toda fuente de conocimiento, inteligencia colectiva y progreso porque sí, porque ellos lo valen. Pero los que sí pretenden conocer los datos de la sociedad en que viven se enfrentan a una dura tarea: diferenciar la verdad de la mentira, las noticias verdaderas de las falsas, de los números ocultos o de las verdades a medias.

Será difícil conocer los entresijos de la caja B del Partido Popular, aquella «contabilidad extracontable» bautizada así por Luis Bárcenas, gracias a las artimañas de los inocentes dirigentes del partido conservador que por las mañanas destruyen pruebas y por las tardes alardean de transparencia y colaboración con la justicia. Sería deseable conocer las cuentas del rey Juan Carlos en el extranjero ajenas al fisco, esto es, a todos sus compatriotas. Y, de paso, las cuentas verdaderas de la Casa Real, al margen de las asignaciones presupuestadas: esto lo paga Patrimonio, los coches los cede aquel ministerio, aquello lo mantiene tal empresa pública, y así. Se precisa contabilidad de costes con todas las partidas perfectamente valoradas e imputadas (con perdón) a la cuenta de gastos, que esta sí ha de ser real además de Real. Y las cuentas claras de las empresas públicas (menudo agujero el de Navantia), de las eléctricas, de los contratos con las farmacéuticas. Las cuentas de la concesión de la AP-9 y las cláusulas de su contrato leonino: si gano, gano; si pierdo, me paga el Estado. Y las cuentas del rescate europeo al Reino de España para que, a su vez, rescatara a una parte del sistema financiero: cuánto han devuelto, cuánto queda por devolver y cuándo lo harán. Sobre todo por aquello de que de los dineros que pagamos en los impuestos no se iba a detraer ni un céntimo, como nos aseguraron los gobernantes de la época, fieles y leales representantes de la cosa política de los que no cabe duda que jamás mentirían a sabiendas a los nacionales españoles, muy españoles y mucho españoles.

Hace unos días el actual gobierno presentó las cuentas de gastos 2020. Lo hizo a través de las Delegaciones del Gobierno, en los medios y redes sociales. Partida a partida, capítulo a capítulo, euro a euro. Probablemente, a estas alturas, estemos empachados con las terribles estadísticas de la pandemia y no nos quede materia gris disponible para dedicar a los números reales de la gestión de los dineros públicos. Es lo que hay.

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