El lugar idóneo


Creía en mi tierna infancia que los huracanes, los seísmos y las inundaciones tenían predilección por los barrios humildes, que a su paso resultaban devastados y hechos astillas. Visto con perspectiva, aquel pueril convencimiento era una fake news, como descubrí más tarde. Lo que sucede, ahora lo sé porque me fijo en las biografías de los potentados a ver si cae algo, es justo al revés, que son los pobres, que además están mal asesorados, quienes voluntariamente construyen sus habitáculos en las zonas de más riesgo. Es que no aprenden, tío. Y luego pasa lo que pasa. Recordé esta lección al leer recientemente que la fortuna de los españoles más ricos aumentó un 16 % desde el 18 de marzo, según datos de la revista Forbes sobre el patrimonio de los 23 compatriotas más forrados, o guatados, ya puestos. Dicho de otro modo, la pandemia y las privaciones asociadas al estado de alarma nos afectan a todos, pero no a todos de la misma manera. Como con las viviendas y los vendavales, algunos saben colocar sus cuentas en el lugar adecuado, mientras otros siguen empecinados en preferir los arrabales sin alcantarillado. Hombre precavido vale por dos, se dice. Vale por muchos más: calculen y verán a cuantas nóminas de curritos equivale el pastón que es ese 16 %. Decía el profesor Daniel Raventós que la riqueza y la propiedad privada son un producto esencialmente social. Recordaba estas bagatelas al repasar la votación en el Congreso de una iniciativa para imponer una tasa a las transacciones financieras y comprobar que, de acuerdo con lo previsto, PP, Ciudadanos y Vox se opusieron: los ricos siempre tienen quien les construya sus casas en el lugar adecuado.

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