Acompañarlos


Ferrol

No sé si el verbo acompañar engloba realmente todo lo que quiero trasmitir en esta columna, que escribo desde un sentimiento muy complejo, porque en él se mezclan el amor, la compasión, la tristeza y un cierto sentido de culpa por no haber dedicado más tiempo de mi vida a quienes, por diversas circunstancias, han tenido que recorrer algunos tramos dolorosos de su camino sin compañía… Hace unos días asistí a una conferencia del Doctor Mendaña sobre la eutanasia. Siempre me conmueve escucharlo, porque habla con conocimiento y con corazón… No quiero contarles su lección que fue un recorrido por la historia y una visión de la realidad de un problema que necesita ser abordado con empatía, desde el rigor y no desde la militancia partidista. Y así lo hizo. Pero mi intención no es hablar de la necesidad de garantizar una muerte digna, que pido y exijo. Solo pretendo trasmitirles que me reconfortó escuchar a los doctores Mendaña y Garrido -que aceptó intervenir en el coloquio-. Porque reivindicaron, también, una necesidad incuestionable de los ancianos, de los que sufren: compañía. Sé que no siempre es posible la presencia física. Pero acompañar es algo más. Significa acogerlos en nuestras vidas como valiosos referentes y protegerlos, para que no desarrollen un sentimiento de culpa al considerarse un problema para la familia. No es fácil. Pero hay que encontrar momentos de ternura y un lenguaje que acaricie el dolor y la soledad con la fuerza del cariño, que debe inculcarse desde la niñez. Y la primera regla: arrancar del lenguaje la palabra viejo como sinónimo de persona no válida para…

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