Mal empezamos


De los creadores de «El dinero público no es de nadie», «La Fiscalía depende del Gobierno», «Yo he sido cocinera antes que fraila», «Felipe González y ex dirigentes socialistas tienen manchado su pasado de cal viva», «Ser demócrata es expropiar», «Felipe no serás Rey que llegan nuestros recortes y serán con guillotina» «Sin personas como Otegi no habría paz» o «Ferraz intentó jugar a la división», estos últimos días nos hemos enterado de que «Los hijos no pertenecen a los padres».

Y es que al más puro estilo de Stalin, este Gobierno pretende decirnos en que términos debemos educar a nuestros hijos y ante el quizás mal llamado «Pin parental» la solución es la amenaza de ir a los juzgados contra la decisión del Gobierno murciano. Insólita vara de medir de quien frente a los atropellos continuos a la constitución, a la legalidad y al Estado por parte de los dirigentes e instituciones catalanas calla haciendo bueno eso de que «el fin justifica los medios» y es que con tal de ser presidente, Pedro Sánchez se ha vendido sin importarle lo más mínimo el coste que ello representa para el conjunto de los españoles. Me encantaría que la Ministra Celaá le diese un repaso de la Constitución Española y haga un esfuerzo de comprensión lectora del Párrafo 3 del Artículo 27, donde se especifica que: «Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Así pues ¿dónde está el delito de los padres que quieran autorizar o no la asistencia de sus hijos a charlas, talleres o actividades?, ¿acaso no hace muchos años que desde los distintos centros de educación se pide autorización expresa a los padres para realizar actividades especificas ajenas a los contenidos curriculares?, porque vamos, a mí siempre se me ha solicitado por parte de los distintos centros y por escrito, la conformidad o disconformidad para que mi hijo, por entonces menor, participase en actividades de todo tipo informándonos con antelación de las mismas. Entonces… ¿A qué viene esta polémica?, ¿Es el Estado realmente quien para imponer la educación y los valores que queremos transmitir a nuestros hijos? Pues nada, busquen en el diccionario, seguramente al lado de la palabra «adoctrinamiento» aparezca la foto del nuevo Gobierno.

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